domingo, 18 de noviembre de 2018

Ochagavía y selva de Irati. Ruta desde la Navarra Media al Valle de Salazar.



Hoy vamos a realizar una ruta que parte desde Sos del Rey Católico, en Zaragoza, hasta el Valle del Salazar. La vamos a hacer en coche, de forma lineal,  ya que dormiremos al final de nuestro trayecto, que es el precioso pueblo de Ochagavía.

Tras la visita a Sos del Rey Católico, salimos en dirección Sangüesa para tomar después rumbo a Lumbier. Aquí vamos a realizar nuestra primera parada para ver el impresionante paisaje que nos ofrece la Foz de Lumbier. Hay posibilidad de verla desde un mirador, en el que también hay restos de una villa romana, aunque la zona está un poco abandonada y tomada por la vegetación. Nosotros queremos realizar la ruta dentro de la Foz, ya que su interior puede ser recorrido por un cómodo camino, herencia de un ferrocarril, el Irati, que la atravesó desde 1911 a 1928. Este camino nos permite adentrarnos en este paraje arañado entre dos paredes calizas de tonos rojizos y ocres sobrevoladas por buitres leonados, alimoches, chovas pitirrojas y vencejos entre otros. Nos acompaña en nuestro camino el rio Irati,  de aguas cristalinas, con barbos, truchas y otros habitantes acuáticos.



Es un recorrido de aproximadamente una hora,  ida y vuelta, dos pequeños túneles separan la foz del mundo exterior. Para realizar este recorrido hay que seguir las indicaciones "Foz de Lumbier" al llegar a la localidad del mismo nombre. Al final del camino hay un estacionamiento donde hay que abonar 2,5 euros por aparcar. Allí hay una caseta de información, servicios y mesas habilitadas entre los árboles para picnic, pero no hay restaurante ni otro lugar donde comprar comida por lo que hay si es vuestra intención comer aquí hay que llevarla. 

Nosotros hicimos el recorrido completo, hasta llegar al puente del diablo. Este marca el final de la ruta y fue construido a mediados del siglo XVI para unir las dos caras de la Foz de Lumbier. En 1812, durante la guerra de la Independencia, fue hundido por los franceses. Actualmente sigue parcialmente derruido, no siendo posible cruzarlo, aunque si acceder a él para disfrutar su bella y herida silueta. El acceso al puente es un poco peligroso y escarpado, una cadena anclada en la pared ayuda en la subida. 




Tras la ruta paramos en el pueblo de Lumbier para comer y proseguir por la Na-178 en dirección Ochagavía. Vemos como el paisaje va cambiando dejando atrás los campos de cereales para transformarse en un paisaje más boscoso, más agreste, señal de que entramos en zona pre-pirenaica. A unos 20 Km de Lumbier hay una indicación de desvio en la Na-178 que nos llevará a un mirador desde el que podemos ver la Foz de Arbayún.



Foz es la palabra con la que se designa en Navarra a una garganta o desfiladero excavado por un rio, en este caso el río Salazar. Por dimensiones y espectacularidad, Arbayún es la reina de las foces navarras, sin embargo también es la más inaccesible, por lo que en este caso nos contentaremos con verla desde el mirador. No es necesario volver después sobre los pasos para proseguir camino ya que el mismo desvío que tomamos hacia el mirador después prosigue para tomar de nuevo la carretera por la que circulábamos.


Tras la parada en el mirador estamos ya inmersos en la belleza del Valle del Salazar, zona que merece la pena recorrer sin prisas ya que no hay pueblo feo en ella, todos tienen una armonía que les hace sintetizarse con este paisaje pirenaico. Nosotros también estamos tentados de parar en muchos de ellos, pero como siempre hay que buscar un equilibrio entre lo que queremos los adultos y los que nuestros hijos desean. En este día que comenzamos en Sos del Rey católico con una visita guiada que ya os relaté y podéis releer aquí, seguida de una ruta corta, aunque dura por el calor del día, decidimos darles el gusto y llegar a Ochagavía con hora de disfrutar un baño en una zona habilitada para ello en el río. Debido a esto solo paramos en uno de los pueblos previos, Esparza de Salazar, pequeño pero con gran encanto.



Llegamos pues a Ochagavía, donde hemos alquilado una casa rural llamada Bidezarra Etxea. Hay mucha oferta en este precioso pueblo y nos apetecía un lugar donde poder cenar y desayunar en casa tras tantos días de rutas comiendo en restaurantes. Así pues,  tras coger las llaves, dejar el equipaje y aprovisionarnos para los dos días que vamos a estar aquí, tomamos la carretera que atraviesa el pueblo para llegar a una zona de baño a las afueras de la localidad. Es una zona donde se ha creado una piscina natural en el río con un pequeño dique y en la que la ribera del río se ha preparado para poderse tumbar. Si tenéis intención de bañaros os aconsejo traer chanclas de río, ya que las piedras son bastante incómodas de pisar. El baño es solo apto para no frioleros ya que la temperatura del agua, a pesar de ser Julio, era bastante baja. 

Vista desde nuestra casita.


Después del baño damos una vuelta por el pueblo paseando por la orillas del río y cruzando de vez en cuando los bellos puentes que unen las dos orillas. La tarde comienza a cubrirse por lo que decidimos volver a casa, justo a tiempo para evitar ponernos empapados con una tormenta,  que aún avisada, nos sorprende por la manta de agua que se desploma en nada de tiempo. Me encanta la lluvia por lo que no puedo apartar mis ojos de la ventana mientras las montañas, bosques y el pintoresco pueblo que nos rodea es azotado por la tormenta.




Tras esta primera noche en Ochagavía el día amanece totalmente despejado, perfecto para nuestro plan de visitar la Selva de Irati. Tomamos pues la carretera que serpentea desde Ochagavía al lugar conocido como Casas de Irati. El paisaje que atravesamos es muy bonito, hacemos una parada en el mirador de Goniburu para poder tomar fotos del espectáculo natural que nos rodea. Después seguimos hasta llegar a las Casas de Irati, lugar donde hay un aparcamiento y una caseta de información de las rutas de la zona. El aparcamiento tiene un coste de cinco euros, pero si estáis alojados en el valle de Salazar o el vecino valle de Aezkoa, el propietario del alojamiento os dará un vale de descuento y el coste será solo dos euros.





La Selva de Irati es el mayor hayedo de Europa, un territorio de más de 17.000 has de bosque, con magníficos ejemplares de hayas y abetos. Las leyendas cuentan que este inmenso bosque era el reino de "Basajaun", personaje mítico y señor del bosque. Nosotros no nos lo encontramos en nuestra ruta, aunque puede que viéramos sus huellas, o no. 

En información nos dan un plano de las rutas, nosotros vamos a hacer dos rutas, una circular de 8 km que nos llevará hasta el embalse de Irabia, y otra más pequeña hasta la cascada del Cubo. La ruta del embalse de Irabia sale desde la misma caseta de información y va alternado sendero con pista forestal. Es posible hacerla entera por la pista forestal, convirtiéndola en una ruta lineal. Esta opción es más cómoda,  porque los senderos se internan más en el bosque con subidas, bajadas y cruces de riachuelos, pero el alternar con senderos hace la ruta más bonita, te permite meterte más en la naturaleza, donde el silencio comparte su espacio con los sonidos del bosque. La ruta del cubo sale desde el lateral del aparcamiento y es lineal, por pista forestal,  no os llevará más de media hora ida y vuelta, al final hay una pequeña cascada que es bonita.






En la parte superior de las casas de Irati hay un restaurante-cafetería y también una ermita. Es esta la ermita de las Nieves a cuyo alrededor hay también un agradable paseo.




Como terminamos ambas rutas temprano, decidimos volver a Ochagavía y subir hasta la ermita de Muskilda. Esta ermita-santuario se encuentra situada en la cima del monte del mismo nombre. Se accede desde un desvío en la carretera entre Ochagavía e Izalzu. Rodeado por una muralla, el recinto de Muskilda incluye la ermita y la casa del ermitaño y del capellán. Es románica, del siglo XII, restaurada a mediados del siglo XVII.  En este lugar se realiza una romería el 15 de agosto y el 8 de septiembre, allí se ejecutan las danzas en honor a Ntra Sra. de Muskilda desde 1539.





Tras la visita a la ermita volvemos a Ochagavía para ver la iglesia que no habíamos visto el día anterior y recorrer de nuevo sus calles, intentando distinguir las ocho casas originales que sobrevivieron al devastador incendio que asoló la localidad en 1794.




Tras el paseo ponemos rumbo a la cercana localidad de Ezcároz, que nos llamó la atención el día anterior por su armonía y belleza y que no paramos a visitar. Dedicamos pues hoy un rato relajado a recorrer sus hermosas calles, tras lo cual nos paramos en una agradable zona de baño que hay a la entrada del pueblo para disfrutar un rato del rio.




Al anochecer volvemos a Ochagavía, nos han dado una serie de recomendaciones para cenar y optamos por la sidrería Kixkia, donde disfrutamos un magnífico chuletón acompañado de sidra y de postre carne de membrillo con queso del cercano valle del Roncal.

Tras pasar nuestra segunda noche en Ochagavía nos levantamos para continuar nuestra ruta por Navarra que nos llevará hasta Elizondo pasando por las localidades de Roncesvalles y la vecina localidad francesa de San Juan a pie de Puerto, punto de inicio del Camino de Santiago francés. 

sábado, 10 de noviembre de 2018

Castañar de Valdeazores. Parque Natural de Despeñaperros.



El otoño es una estación que potencia la belleza de la naturaleza, ofreciendo matices que en cualquier otro momento no es posible disfrutar. Hay paisajes que se maquillan en esta época, sacando toda una gama cromática de rojos, amarillos, ocres y marrones que son una delicia para los aficionados a la fotografía en particular y para los amantes de la naturaleza en general. 

Aprovechando que nos encontramos en esta época, vamos a realizar una ruta dentro del Parque Natural de Despeñaperros, un paraje de gran belleza y bastante poco concurrido por el turismo. Aunque en él podemos encontrar ofertas interesantes de casa rurales, es poca para la extensión del parque y para lo que puede ofrecer su visita.







Para realizar esta ruta tenemos que tomar la antigua N IV, a la altura de Venta de Cárdenas y tomar la salida hacia el parque natural de Despeñaperros. En la misma carretera encontramos un restaurante en el que podemos aparcar, es el restaurante-bar Despeñaperros. Tras dejar el coche seguimos unos cincuenta metros andando por la carretera en dirección oeste, sentido hacia Córdoba, y encontramos el cartel que indica Valdeazores. Es bastante fácil de localizar porque el cartel es grande.  Justo al final de este sendero está el cartel explicativo de la ruta y una puerta metálica que tendréis que abrir para iniciarla. 

La ruta es de baja dificultad, es lineal de 2,9 km,  hora y cuarto de ida y otro tanto de vuelta, a paso tranquilo. Es bastante llana en su inicio, aunque el último tercio es en pendiente. No es apta para carritos de bebé ni para bicicletas, ya que hay tramos de escaleras y puentes de madera.






El camino discurre por las laderas del Barranco de Valdeazores, descrito por algunos como un paraiso botánico.  En el  primer tramo  de la ruta el sendero cruza el barranco en varias ocasiones atravesando un bosque en galería de fresnos y alisos. Se llega después a una zona de castaños de gran tamaño, posiblemente la más bonita de toda la ruta.



El castaño es un árbol que puede alcanzar hasta 30 metros de altura, como los ejemplares que vamos a encontrar aquí, de gran desarrollo debido a la humedad de la zona y a la cercanía del manantial. En los últimos tiempos el castaño ha retrocedido drásticamente debido a la tinta y el chacro, dos enfermedades causadas por hongos, que han mermado los castañares de medio mundo. En Despeñaperros  se localizan sólo en dos zonas y las dos se encuentran en el Barranco de Valdeazores. 



 A partir de aquí la ruta se hace ascendente y se vuelve algo más abrupta, discurriendo por la margen derecha del barranco. Vamos encontrando distintas especies de árboles como pinos, encinas, durillos, enebros, retamas, alcornoques y otras especies de bosque mediterráneo, para al final adentrarnos en un bosque de quejigos y robles melojos. 




Al final de nuestro paseo salimos a una pista más ancha que enlaza con otras rutas como son; Magaña ( 12km), el Castillo de Castro Ferral y el mirador del Collado de la Aviación (3,4 km).



Nosotros realizamos esta ruta por la mañana, iniciamos a las once y media y fuimos bastante tranquilitos porque íbamos parando para tomar fotos del paisaje. La mañana estaba húmeda y brumosa, pero acompañaba totalmente nuestro camino, ya que la humedad resaltaba aún más los colores de las piedras, líquenes y musgos que nos rodeaban por doquier.





En la última parte de la ruta comenzó a bajar la niebla, pero el sendero está muy bien delimitado por lo que no hay ningún problema para seguirlo ni posibilidad de perderse.





Terminamos a una hora estupenda para volver al restaurante donde habíamos dejado el coche y disfrutar de una magnífica comida. Tienen muchas especialidades de carne, sobre todo de caza, platos con distinta preparación de carne de ciervo y jabalí. Nosotros nos decidimos por una "ensalada despeñaperros" de primero y después "chuletillas de cordero y rabo de toro". La relación calidad precio es bastante buena y las vistas de Despeñaperros desde el comedor también. Tiene además, un bar anexo al restaurante donde se puede tapear o comprar unos bocadillos. Totalmente recomendable. Se me olvidaban las aceitunas de cornezuelo que nos pusieron de aperitivo, sublimes.


lunes, 5 de noviembre de 2018

Qué ver en Estambul en cuatro días.



Cual callejeros viajeros ponemos rumbo a Estambul. En esta ocasión no es un viaje en familia sino que vamos solo dos amigas. Hemos estado preparando el viaje a conciencia, mirando en distintos blogs de viajes como aprovechar al máximo nuestra estancia y tengo que decir, viendo el viaje en retrospectiva, que cumplimos con creces las expectativas de lo que queríamos ver. Solo se nos cayó del programa el baño turco, que para ser sincera, después de leer algunas opiniones, tampoco me apetecía mucho. 

Teníamos cinco días para realizar nuestro viaje, pero realmente solo tres eran totalmente operativos, puesto que llegamos al anochecer el primer dia y nuestro vuelo de vuelta era en la mañana del último. Volamos con Pegasus airlines, una low cost turca con bastante buen precio desde Madrid. Nuestro hotel estaba en la zona de Sultanhamet, sin duda esta localización fue un acierto ya que es la zona más monumental y tiene mucha animación incluso en la noche, con restaurantes, tiendas y la línea 1 de Tranvía que hace fácil el desplazamiento desde aquí. 

Nuestro plan de viaje fue el siguiente:

Dia de llegada: Aterrizamos en el  aeropuerto de Sabiha Gökçen, en el lado asiático y algo alejado de la ciudad. Habíamos contratado el transfer con nuestro hotel, así que en ese aspecto no nos tuvimos que preocupar por el transporte. Aún así el traslado al hotel duró más de una hora, debido al tráfico de la ciudad. Llegamos, realizamos el check-in y nos fuimos directamente  a dar un paseo nocturno por la zona. El estar tan céntrico, apenas 5 minutos andando de Santa Sofía y la Mezquita Azul, es lo que tiene de ventaja. En nuestro camino hacia la Mezquita Azul nos encontramos un restaurante-tetería con terraza del que teníamos referencia por otros viajeros. Decidimos cenar allí, es el café Mesale. Esta decisión fue un gran acierto, el café tiene música turca en directo y hasta un espectáculo con un baile de Derviche, está claro que el baile era una turistada, nada que ver con la ceremonia real mística de conexión con Alá de la que habíamos leido, pero para nosotras fue suficiente. Fue nuestra primera toma de contacto con la gastronomía Otomana que tanto disfrutaríamos en los próximos dias. 



Tras la cena y un rato disfrutando el espectáculo y la música, que nos hizo ya ambientarnos totalmente con la ciudad, fuimos hasta la plaza de Sultanhamet donde quedamos impresionadas con las figuras de Santa Sofía a un lado y la Mezquita Azul al otro. Es una plaza muy bonita y bastante animada de gente, pero sin dar sensación de multitud, al menos a estas horas de la noche, como podríamos comprobar al día siguiente. 

Dia 1:

Hoy es sábado y es el dia que hemos planeado pasar en la zona de Sultanhamet, la más monumental pero también la más turística. Para evitar colas en  los monumentos, pensamos en comprar la tarjeta museum pass. Preguntamos en el hotel, ya que muchos la ofrecen, pero como el precio que nos daban era mayor del que habíamos mirado en internet, 185 liras turcas, decidimos comprarla en el Palacio Topkapi, que es el primer sitio que vamos a visitar. Tenemos desayuno incluido así que desayunamos temprano y a las nueve, hora de apertura del Palacio, estamos ya en camino. 

El llegar tan temprano es claramente un acierto, ya que prácticamente no hay gente para pasar el control de seguridad, hay uno en todos los monumentos importantes de Estambul, ni para comprar la museum pass. Con la tarjeta "abrepuertassincolas", la voy a llamar así con vuestro permiso porque la verdad es que nos ahorró mucho tiempo, entramos al complejo palaciego de Topkapi y decidimos visitar primero el Harém. 



Después recorrimos el resto del palacio, la visita os llevará como poco un par de horas, nosotras estuvimos dos horas y media, hubiéramos estado más, pero teníamos muchas cosas que ver esa mañana. Antes de salir del recinto de los jardines del Palacio visitamos también Hagia Irene, una pequeña basílica bizantina anterior incluso a Santa Sofía. Es una visita corta porque no es muy grande y no tiene la majestuosidad de Santa Sofía. Tras la breve parada salimos del recinto del palacio y es cuando nos damos cuenta de la cola que hemos evitado, ya que para pasar el control de seguridad había muchísima gente, y esto no os lo ahorrará la museum pass.

Hagia Irene.


Salimos a la plaza donde se encuentra la entrada a Santa Sofía y como no, la cola es espectacular. Vale, tenemos la tarjeta, ¿ pero como entramos para pasar el control antes que toda esta gente? pues no os cortéis, hay un acceso rápido en un lateral de la cola, enseñas la tarjeta y te dejarán pasar, no te la ahorras toda pero si gran parte. Una vez dentro disfrutamos de la majestuosidad del edificio. Visitamos tanto su planta principal como las galerías superiores, imprescindible subir a ellas  para ver los maravillosos mosaicos bizantinos. Desafortunadamente gran parte de la nave central se encuentra cubierta con andamios, ya que están restaurando los frescos de paredes y techo. Esto es algo que creo va para largo, aún así el edificio es impresionante.






Tras la visita a Santa Sofía nos dirigimos a la cercana Mezquita Azul, aqui también hay algo de cola, pero no tanta como en la anterior. Al ser un edificio religioso es de entrada gratuita, hay que cubrirse la cabeza y descalzarse, como en todas las mezquitas de Estambul. La cola es fluida y tardamos poco en entrar, pero cual es nuestra decepción cuando vemos que la cúpula central está tapada por restauración. No os he contado que en el Palacio de Topkapi también estaba en restauración el edifico que alberga el tesoro del Sultán, por lo que a estas alturas estamos pensando, ¿pero es que lo van a arreglar todo a la vez?.



Después de la mezquita Azul nos vamos hacia la cercana Cisterna Basílica, también llamada Palacio Sumergido. Esta es la más grande de las sesenta antiguas cisternas construidas bajo la ciudad de Estambul, en época Bizantina, para almacenar agua en caso de asedio. Es una auténtica catedral sumergida con su bosque de columnas. La cisterna no entra en la museum pass, pero el coste no es muy alto, 20 liras turcas y la cola es bastante fluida, por lo que no tardamos mucho en entrar. Ya dentro y una vez que nuestros ojos se acostumbran a la escasa luz, realizamos el recorrido tomando fotos de la bonita estructura de la cisterna y buscamos las famosas columnas de medusa. Hay un cartel donde se habla de ellas, no os preocupéis en pensar que va a ser difícil encontrarlas, están en la zona más iluminada y concurrida del edificio.



Al salir de la cisterna es ya la hora de comer, tenemos referencias de un restaurante cercano con unas preciosas vistas panorámicas, es el restaurante del hotel Adamar y allí nos dirigimos. La comida fue magnífica y al cambio de la lira actual bastante barata para la calidad y el servicio ofrecidos, no llegó a 15 euros por persona. Tomamos como entrante unos aperitivos turcos y después dos variedades de platos con pollo, uno llamado Mahmudiye, que es un pollo cocinado con albaricoques secos, pasas y manzana, y un pollo al curry. Comimos en la sala interior que tiene unas grandes cristaleras con bonitas vistas, pero después nos salimos a tomar el café a la terraza donde la vista era realmente espectacular.



Tras comer tomamos rumbo al Gran Bazar, frente a una de las puertas de acceso nos encontramos una mezquita y decidimos visitarla, es la mezquita de Nuruosmaniye. Después de ver otras en los dias siguientes no es la más impresionante, pero en ese momento nos encantó, quizás por ser el primer edificio que vimos libre de andamios, quizás porque entramos en el momento de la oración, normalmente no dejan entrar a esa hora, pero aquí nadie nos puso problemas. La atmósfera creada por los rezos en este entorno nos pareció algo muy especial.



Entramos en el Gran Bazar por la calle de las joyerías, impresiona tanto oro junto la verdad, y vamos callejeando con cuidado de no despistarnos mucho, porque es un verdadero laberinto. Después de realizar algunas compras, aprender a regatear y cambiar algo de dinero, aquí es donde está el mejor cambio de la ciudad, salimos con intención de ir a la zona de Eminomu y visitar el Bazar de las Especias.

Para ir al Bazar de las Especias podéis tomar la línea 1 de tranvía desde el Gran Bazar o ir caminando, son apenas 15 o 20 minutos, eso si, por unas calles abarrotadas de gente, al menos el sábado por la tarde, ya que hay que atravesar lo que se conoce como el bazar al aire libre, repleto de tenderetes y que nos pareció un poco agobiante.

Llegamos al Bazar Egipcio y, tras pasar el ya familiar control de seguridad, entramos y nos dejamos envolver por los olores y colores de las especias y frutos secos, que son los puestos mayoritarios que encontramos. El bazar es muy bonito, pero no es muy grande por lo que no tardamos mucho en recorrerlo.




Nuestra intención era visitar la Mezquita Nueva que se encuentra al lado, pero vemos que está rodeada de andamios y cerrada, por lo que buscamos la cercana mezquita de Rüstem Pasa. Ya sabíamos que era difícil de encontrar, ya que tiene un acceso como escondido entre portales y tiendas, pero es realmente difícil. A pesar de llevar descargado el plano de Estambul en google maps, tuvimos que preguntar varias veces hasta dar con el acceso, pero al fin lo encontramos. Subimos el tramo de escaleras que da entrada a esta y allí nos encontramos un guardia que nos dice que está cerrada por restauración, ¿En serio? . Bueno pues reprogramamos, desde luego por cosas que hacer en esta ciudad no será, así que cruzamos el Puente Gálata con intención de recorrer la calle Istiklal, una calle peatonal bastante animada con muchas tiendas y restaurantes que termina en la Plaza Taksim.

Pescadores en el Puente Gálata.


Como hay bastante pendiente en la subida, tomamos el tunel, un tranvía que se toma cerca del Puente Gálata y te deja al principio de la calle Istiklal. Para llegar a la entrada del tunel, y a falta de un paso de cebra en la zona, tuvimos que cruzar la calle al estilo estambulí, es decir parando coches para cruzar. Aquí tuvimos la ayuda de un amable ciudadano turco que nos vió poco decididas a lanzarnos contra el tráfico y cruzó con nosotras parando los coches, la verdad es que la gente aquí es muy agradable. 

Recorrimos la calle Itiklal parando en algunas tiendas y en la iglesia católica de San Antonio de Padua y llegamos hasta la Plaza Taksim, donde encontramos un bonito mercadillo. Nos apetecía cenar un Kebab callejero pero no encontramos ningún puesto en nuestro recorrido por lo que decidimos volver a cenar a Sultanhamet. Después de la paliza de andar no nos apetecía volver andando por lo que desde Taskin tomamos el metro hasta Kabatas para allí tomar la el tranvía 1 hasta Sultanhamet. El coste del billete individual es de 5 liras turcas, unos 75 céntimos de euro al cambio en Octubre de 2018, por lo que es bastante asequible, aún sin comprar la tarjeta transporte.

Dia 2:

Comenzamos nuestro dia visitando dos museos que están incluidos en la tarjeta museum pass, el primero es el museo del mosaico, la verdad es que nos es un imprescindible pero nos pilla de paso y se ve rápido por lo que paramos a verlo. Después nos dirigimos al museo arqueológico, situado en los jardines de acceso al Palacio de Tokapi. Es un museo que tiene piezas muy interesantes, no pudimos dedicarle todo el tiempo que hubiéramos deseado pero vimos lo más destacado. No pudimos ver la zona donde se encuentran los sarcófagos porque estaba, como no, en restauración.





Tras salir del museo continuamos con nuestro plan de visitas, hoy vamos a alejarnos un poco de la zona más turística de Estambul. Puesto que es un día en el que vamos a andar bastante y dado que el transporte público es muy barato, decidimos ahorrarnos el primer paseo e ir en tranvía desde Sultanhamed hasta Eminomu, son solo tres paradas pero merece la pena. Desde aquí tomamos dirección hacia la mezquita de Sulemaniyé, es poca distancia pero es en ascenso. Orientarse en Estambul puede ser algo caótico, a pesar de llevar un mapa, así que os recomiendo que os descarguéis en google maps la zona sin conexión y guardéis en mis sitios todo lo que queráis visitar para así luego poder localizarlo sin datos. Si enciendes el GPS el puntito azul te ayudará a saber si estas cerca de tu objetivo, y siempre te queda la opción de preguntar, la gente joven se maneja bien con el inglés y son muy amables.


Llegamos a la mezquita y nos encantó, quizás también la ilusión de poder ver por fin un edificio que no está en obras. Es esta una mezquita imperial otomana situada sobre una colina. Fue construida en el siglo XVI por el famoso arquitecto imperial Mimar Sinan. Es la más grande de la ciudad y la que más destaca en las vistas panorámicas de esta. Al estar sobre una colina,  desde su explanada se pueden divisar  unas bellas vistas.






Nuestra intención después es ver la mezquita de Fatih y para no perdernos mucho ponemos rumbo al camino más recto y claro, que es en dirección a la avenida Sehzadebasi, en el camino nos encontramos con muchos edificios de la universidad de Estambul, algunos casas antiguas de madera muy bonitas y nos tropezamos con una antigua basílica bizantina reconvertida en mezquita. Es la mezquita de Kalenderhane, la estructura es típica bizantina con alternancia de ladrillo y piedra. La entrada al templo se hace a través de un exonártex.




Proseguimos  camino  y ya en la avenida Sehzadebasi, paramos a ver la mezquita de Sehzade tras lo cual proseguimos hacia  Fatih. Seguimos por la avenida, pasamos por una zona con un parque muy bonito y cuidado y nos encontramos con un acueducto romano espectacular. Es el acueducto de Valente, su construcción finalizó bajo el reinado del emperador romano Valente, en el año 368. Se construyó para traer agua a la ciudad desde el bosque de Belgrado. En su origen tenía un kilómetro de longitud, pero actualmente solo se conservan 600 metros en esta zona y 200 en la zona de Beyazit. Las piedras usadas en su construcción se trajeron de las murallas de la ciudad antigua de Calcedonia.



Poco después del acueducto llegamos a la mezquita de Fatith.  Esta  se encontraba abarrotada por un funeral por lo que solo echamos un vistazo rápido desde la puerta.



Proseguimos nuestra marcha y nos desviamos tras pasar un campo de fútbol para llegar al principal objetivo de nuestra jornada, la iglesia de San Salvador en Chora. Su denominación "en Chora" significa en el campo, ya que originariamente se encontraba fuera de la zona amurallada de Constantinopla, aunque luego fuera engullida por la ciudad. Se encuentra en un barrio poco turístico pero con algunas casas de madera muy bonitas. La iglesia fue construida entre 1316 y 1321 y constituye uno de los mejores ejemplos de arte bizantino del mundo, por sus impresionantes mosaicos. Con la conquista otomana de Constantinopla, fue transformada en mezquita y sus mosaicos tapados con yeso, lo que ha hecho posible su magnífica conservación. Cuando llegamos nos damos cuenta que el exterior está totalmente tapado con andamios por lo que nos tememos lo peor, afortunadamente su interior se encuentra totalmente libre de estos y podemos disfrutar sus maravillosos mosaicos dorados. Esta iglesia es actualmente un museo y está dentro de la tarjeta museum pass.



Al lado de San Salvador en Chora hay un restaurante llamado Asitane, habíamos leido muy buenas críticas en internet por lo que  decidimos  comer aquí.  Es un local bastante bonito y elegante y la comida está muy bien, con una carta de recetas tradicionales otomanas. A pesar de que teníamos muchas expectativas con este restaurante, las superó. Tomamos un cuscús de entrante, es diferente del cuscús marroquí, con un grano más gordo y mezclado con nueces y queso. Como plato principal elegimos uno llamado Kiyma Püryani Yufkada, una especie de hamburguesa con carne de cordero y ternera con anís, canela y pistachos y envuelta en una fina masa. El precio irrisorio para la calidad que tuvimos, no salimos ni a diez euros por cabeza. Sin duda uno de los restaurantes que recomendaría no dejar pasar si vais por esta zona. 

Casas de madera en los alrededores de San Salvador.



Desde aquí salimos de nuevo a la avenida para tomar un autobús que nos lleve a la mezquita de Eyüp Sultan, líneas 39B, 39Y y 86V. Allí llegamos a la hora de la oración por lo que no pudimos entrar. Esta fue la primera mezquita construida por los turcos otomanos tras la conquista de Constantinopla en 1453. Se construyó sobre el lugar donde Abu Ayyub al-Ansari (en turco Eyüp Sultan), adalid del profeta Mahoma, murió durante el ataque árabe a Constantinopla en 670. Su tumba es un importante lugar de veneración para los musulmanes, de hecho esta mezquita es el tercer lugar más sagrado del islam después de las mezquitas de la Meca y Jerusalén.  No nos podíamos quedar sin entrar a verla, así que entramos, junto con cientos de personas y un poquito de olor a queso. Tras la visita decidimos subir al famoso café Pierre Loti. La idea es hacerlo en telesférico, ya que el café se encuentra en lo alto de una colina cuyas laderas se han convertido en un cementerio,  pero tras ver la cola decidimos subir andando. Es un poco cansado subir la colina andando, pero es un agradable paseo. Este cementerio se viene utilizando desde la época del imperio otomano, siendo el más grande de la ciudad. 



Es domingo por la tarde y a pesar de que está nublado y que difícilmente se verá la puesta de Sol, el café está muy concurrido, por lo que desistimos de sentarnos y tras disfrutar un rato de las vistas desde el mirador que hay al lado volvemos a la mezquita, bastante más tranquila tras la oración y la visitamos. 





Para bajar vamos a coger el autobús 99A que nos dejará en Eminomu de nuevo. Para cogerlo en la dirección correcta hay que atravesar la calle al salir de la plaza de la mezquita, nosotras no lo hicimos y cuando nos dimos cuenta de que íbamos en el sentido contrario, tuvimos que bajar y tomar otro en dirección contraria, afortunadamente son bastante frecuentes y baratos.


Ya de nuevo en Eminomu decidimos aprovechar lo que queda de tarde para visitar la  Torre Gálata. Subimos por unas escaleras, sin duda el camino más corto pero más empinado y al  llegar vimos que la cola para subir a la torre es bastante larga por lo que desistimos de esperar.  Al lado de la torre hay un hotel con terraza en el que se puede tomar un café o unas copas, como la tarde está bastante agradable nos sentamos allí,  tenemos una vista de la torre en primer plano.



Al salir ha anochecido y la vista de la ciudad desde el restaurante del hotel es espectacular, con las mezquitas iluminadas el perfíl de Estambul nos deja sin habla. Desgraciadamente soy bastante peor fotógrafa que mi marido, y mi cámara también es bastante peor que la suya, por lo que en esta ocasión las fotos nocturnas dejan bastante que desear. 




Salimos  a la calle y  vimos que la cola para subir a la torre ha disminuido notablemente por lo que pensamos subir y tras una corta espera estamos arriba disfrutando de una vista nocturna espectacular de la ciudad en 360º y con las mezquitas iluminadas.  


Tras callejear un poco por la zona volvemos a atravesar el puente Gálata para llegar a Eminomu donde  tomamos de nuevo la línea 1 del tranvía para volver a Sultanhamet. 





Dia 3:

Hoy vamos a hacer un crucero por el Bósforo, el estrecho que une el Mar de Mármara con el Mar Negro. Lo vamos a hacer con los barcos de transporte público IDO, que se toman en la terminal del puerto de Eminomu. Tomamos pues el tranvia hacia allí y compramos el billete de ida y vuelta que nos cuesta 25 liras turcas, unos cuatro euros al cambio. Llegamos con el barco al pueblo de Anadolu Kavagi, situado cerca de la unión del Bósforo con el Mar Negro. Allí subimos a una fortaleza desde las que hay unas magníficas vistas y después bajamos al pueblo, a comer en uno de sus muchos restaurantes especializados en pescado. 




A la vuelta paramos en Uskudar, en el lado asiático de Estambul para ver la puesta de Sol sobre la ciudad sentadas en un espigón cerca de la torre de la doncella. Para volver a Eminomu tomamos un ferri desde Uskudar. Para ver más detalles sobre el crucero y todo lo que hicimos este día podéis ir a la entrada publicada anteriormente pinchando aquí..