sábado, 30 de noviembre de 2019

Alcaudete. Castillo Calatravo







Alcaudete es una localidad de la provincia de Jaén, forma parte de la comarca Sierra Sur, en la parte occidental de la provincia.  Jaén es  la zona de Europa con más densidad de castillos. Esto ha propiciado el desarrollo de la ruta turística Castillos y Batallas, que discurre por las provincias de Ciudad Real, Jaén y Granada, sin bien la mayoría de esta se sitúa en Jaén. El castillo de Alcaudete se encuentra dentro de esta ruta, y es este el objetivo principal de nuestra excursión a esta localidad. 

Llegamos a Alcaudete tomando la A-316 desde Jaén, tomamos la primera entrada a la localidad y seguimos las indicaciones hacia el castillo. Siguiendo estas indicaciones llegamos hasta la iglesia de Santa María la Mayor, a cuyos pies hay una zona de aparcamiento. En este mismo lugar se encuentra la oficina de turismo.


La iglesia de Santa María la Mayor es la iglesia principal de Alcaudete. Se edificó en la primera mitad del siglo XVI y en ella encontramos dos estilos claramente diferenciados, un cuerpo gótico de tres naves y una capilla mayor renacentista. La Iglesia tiene dos portadas situadas en orientación oeste y sur. Ambas están basadas en la iconografía mariana y mezclan elementos renacentistas figurativos y heráldicos. La portada más espectacular es la Sur, se sitúa sobre una escalinata doble y es de estilo plateresco.





Adosada a la iglesia se construyó una Torre-campanario. El conjunto fue declarado bien de interés cultural en 1931. Desde la Iglesia y tras un corto trayecto, eso sí cuesta arriba, llegamos al recinto del castillo-palacio. Desde su parte exterior podemos observar sus murallas defensivas.

Las construcciones defensivas de Alcaudete fueron construidas tras la conquista musulmana. Dentro del castillo-palacio podemos distinguir como elementos principales los aljibes, las caballerizas, el cuerpo de guardia, los lienzos y torres, la sala capitular y la torre del homenaje.




De ellos los que más nos llaman la atención son las caballerizas, de planta rectangular y bóveda de cañón de ladrillo. Actualmente se utiliza como sala para realización de comidas y cenas de temática medieval. 



La sala capitular o reflectorio. Es una gran sala de forma rectangular, actualmente está musealizada, y trata de mostrar cómo era en la época medieval, cuando servía como zona de comedor. En la época en la que el castillo se transformó en palacio, la sala fue dividida en diferentes estancias. En la actualidad se ha recuperado un único espacio.




Sin duda el elemento que más destaca del conjunto es la torre del homenaje, de perfil troncocónico y planta rectangular. Está estructurada en tres niveles, un almacén inferior, la puerta de acceso a la torre con su sala y  el dormitorio del cabildo, encima de este hay una terraza con unas vistas magníficas.






Después de la visita al castillo descendemos de nuevo hacia la iglesia de Santa María para tomar una calle que a través del Arco de la Villa nos conduce a la Plaza 28 de Febrero, donde se encuentra el ayuntamiento.

El Arco de la Villa  era una de las puertas a  través de las que se accedía al recinto amurallado de la ciudad medieval. Es un arco de medio punto sustentado por pilastras y rematado por una hilera de almenas.

Destaca también en esta plaza la fachada del ayuntamiento. Es un edificio del la segunda mitad del Siglo XVIII. Su interior está muy modernizado, pero la fachada es un magnífico ejemplo del clasicismo barroco.



Otros edificios destacables de la localidad son; el mercado de abastos, que data de finales del siglo XIX, el convento de Jesús María, del siglo XVI, el convento Fuente de la Villa, del siglo XIX, el convento de Santa Clara, del siglo XVI, la iglesia de San Pedro Apóstol, edificio renacentista del siglo XVI  y la casa de los leones, conocida así por las esculturas de leones que coronan su fachada.

Y si por algo es conocida también Alcaudete, además de por sus monumentos, es por sus mantecados y conservas, y es que en la localidad se producen dos marcas muy famosas de estos, Productos Mata y Doña Jimena.

El segundo fin de semana de julio se celebran en Alcaudete las Fiestas Calatravas, declaradas acontecimiento de interés turístico andaluz. Son unas fiestas ligadas a la historia de la villa en las que se regresa a la época medieval con un mercadillo, pasacalles de las escuadras de moros y cristianos y  recreación del asalto a la villa, entre otros actos.

Saliendo de la villa en dirección a Martos, por la carretera JA-4308, encontramos el edificio de la antigua estación de tren de Alcaudete. Hoy es una estación abandonada que tiene un jardín alrededor que puede servir como área recreativa.


Antiguos depósitos de agua de la estación.


Al lado de esta estación y utilizando el trazado del ferrocarril, discurre una via verde de gran encanto. Siguiendo esta se llega a las Reservas naturales de Laguna Honda y del Chinche, declaradas reserva natural en 1989 y lugar de descanso de aves como la malvasía o los flamencos.





sábado, 9 de noviembre de 2019

Secretos de Jaén. Cementerio inglés de Linares. Siguiendo las huellas de Carlota Remfry.





El cementerio inglés de Linares es uno de esos secretos curiosos que nos encontramos en la Provincia de Jaén y que muchas veces es desconocido en sus alrededores. Es un cementerio evangélico conocido popularmente como cementerio inglés o de los protestantes. Forma parte de la Asociación de Cementerios Significativos de Europa.

La historia de este cementerio está íntimamente relacionada con la historia de la minería en Linares. Debido al desarrollo de esta actividad, a lo largo del siglo XIX, llegan a esta localidad ingenieros y otros profesionales, principalmente  británicos, aunque también alemanes. Se  establecen en Linares con sus familias, creando una clase de élite social.

La necesidad de crear este cementerio surge a mediados del siglo XIX, como consecuencia del fallecimiento de James George Remfry, tío de la conocida escritora y traductora Carlota Remfry, de la que os hablaré después.  Al no ser católico no podía ser sepultado en el camposanto de la localidad. Sus familiares decidieron darle sepultura junto al muro meridional del cementerio católico de San Sebastián, y posteriormente cercaron la zona para evitar posibles profanaciones. 

Posteriormente Henry Tonkin y Richard Kendall, influyentes personalidades de la época y también de origen británico, adquirieron los terrenos y de esta forma quedó delimitado este cementerio desde mediados de los años sesenta del siglo XIX hasta la actualidad.





Desde este momento hasta 1957 sirvió de forma ininterrumpida como lugar de enterramiento tanto de británicos como de alemanes, siendo los últimos sepultados Pedro Hasselden y la conocida escritora Charlotte Remfry.



Tumba de Carlota Remfry.


En 1968, representantes de la comunidad evangélica local se reunen con los descendientes de los antiguos propietarios del cementerio para que les fuera cedido a cambio de su mantenimiento. Desde ese momento solo se han enterrado protestantes españoles. El lugar está protegido y están prohibidas las inhumaciones en las sesenta y cinco tumbas consideradas de carácter histórico. 

La huésped más conocida de este cementerio  es la escritora y traductora Carlota Remfry de Kidd. Charlotte o Carlota era hija del técnico británico de minas Charles Remfry y de la alemana Fanny Koesler. Su Padre, Charles llegó a Linares procedente de Charlestown, Inglaterra, contratado por la sociedad La Vigilancia, que explotaba la mina de Arrayanes. En Linares establecen su domicilio familiar, en una casa de la Calle Ayala,   y allí  nacen sus seis hijos, entre ellos Carlota.

Carlota nació en Linares el 9 de Septiembre de 1869, pasando sus primeros años de vida en la calle Ayala número 18, tras fallecer su padre en 1892, la familia se traslada a la calle Doctor número 7. En 1898 contrae matrimonio con Thomas Kidd, también súbdito británico e ingeniero de minas y se trasladan  a la calle Álamos número 28 que sería su domicilio hasta su fallecimiento en 1957 con 87 años de edad. 

Carlota vive su infancia en un círculo privilegiado, como el resto de los hijos de ingenieros británicos y alemanes que vivían en Linares. Tenía acceso a una educación muy avanzada, llegó a dominar además de un perfecto castellano, el inglés, el alemán y el francés. Colabora con numerosas revistas literarias y trabaja como traductora tanto de obras inglesas como francesas, además de publicar obras propias. Sin duda una mujer excepcional de esta época. 

Si tenéis curiosidad por visitar este cementerio y la tumba de Carlota, abre solamente los sábados por la mañana. No os diré donde está situada la tumba para que hagáis un poco de detectives, como hicimos nosotros, solo os diré que está al lado de la tumba de sus padres. 

El cementerio se sitúa en la antigua carretera de Torreblascopedro, al lado del resto de los camposantos de Linares. Su puerta de acceso se encuentra en la parte alta de una escalera, no teniendo acceso para sillas de ruedas. 

Si venís hasta aquí atraídos por la curiosidad sobre este cementerio y por la figura de Carlota, os recomiendo también una visita a conocido como cementerio viejo de Linares, también del siglo XIX, situado enfrente.





viernes, 8 de noviembre de 2019

Castillo de Dunguaire y Acantilados de Moher. Wild Altantic Way IV




En esta entrada os relataré nuestro viaje desde la zona de Connemara hasta el condado de Kerry. Habíamos pasado  tres estupendos días en Connemara, visitando entre otras cosas la famosa Abadía de Kylemore, como ya os relaté en un anterior post que podéis leer aquí. Llegaba pues el momento de seguir nuestro viaje recorriendo la Wild Atlantic Way, la famosa ruta costera irlandesa. 

Nuestro destino es la localidad de Tralee, capital del condado de Kerry, y lugar que hemos escogido para conocer esta zona. En Tralee alquilamos un apartamento con airbnb,  era muy bonito y  la dueña fue muy atenta y amable con nosotros. Si tenéis pensado reservar con airbnb,  podéis usar este enlace  y obtendréis un descuento.

En nuestra estancia en Finny, condado de Mayo, recorrimos esta parte de la costa irlandesa,  conociendo entre otras cosas,  la Abadía de Kylemore, Clifden y Roundstone. También habíamos visitado la localidad de Galway. Seleccionamos pues en nuestro camino hasta Tralee, dos puntos que no queríamos dejar de conocer, el Castillo de Dunguaire en la localidad de Kinvara y los acantilados de Moher. 







La ruta a pesar de ser solo unos 300 km, nos llevaría casi cinco horas, sin contar el tiempo dedicado a  cada una de las dos paradas. Dejamos pues nuestro apartamento en el condado de Mayo temprano en la mañana y pusimos rumbo a nuestro primer destino, el Castillo de Dunguaire, en Kinvara. 




El Castillo de Dunguaire está situado a los pies de la playa sudeste de la bahía de Galway, en las afueras del pintoresco pueblo de Kinvara. Su construcción se remonta al siglo XVI y es atribuida al clan de los Hynes. Lo que más destaca del castillo, además de su ubicación, es su torre. Una construcción de casi 23 metros de altura. El castillo está abierto al público durante los meses de verano. 

Este castillo ha sido escenario de algunas películas, como "Guns in the Heather", película de Disney de 1969, o en "North Sea Hijack" de 1979, en el que representaba el castillo escocés del personaje principal. Es sin duda un lugar muy fotogénico, siendo el mejor momento fotográfico cuando la marea está alta y su figura se refleja en el agua. En el momento de nuestro viaje había marea baja, pero aún así la estampa es muy bonita. 

Tras la visita al castillo paramos a conocer la localidad de Kinvara, pero solo un vistazo rápido a la zona del puerto y a su calle principal, ya que el viaje era largo y había que reservar bastante tiempo para la visita estrella del día, los acantilados de Moher. 




Seguimos pues ruta, con  las indicaciones de Google Maps, hacia los acantilados de Moher. No paramos en la localidad de Doolin, ya que no pensamos hacer ninguna ruta en barco a las islas Aran, principal atractivo de esta localidad.  Llegamos a los acantilados de Moher y nos damos cuenta de que es una de las atracciones más visitadas de Irlanda. Para acceder a los acantilados hay que dejar el coche en un parking, allí pasas una taquilla donde  te cobrarán 8 euros por adulto, los niños no pagan. Después puedes dejar el coche en este estacionamiento, que es de gran capacidad, y tras un corto paseo se llega al centro de visitantes. 


El centro de visitantes es interesante para los niños, ya que tiene zonas interactivas y de juegos. Tiene también dos cafeterías, servicios... Como el día amenazaba tormenta decidimos hacer primero el recorrido por los acantilados y dejar el centro de visitantes para el final de la visita. Desde el centro de visitantes hay dos opciones, unas escaleras que parten desde su segunda planta y llegan hasta una torre, desde la que hay una magnífica vista de los acantilados, o una ruta recorriendo estos desde su cima.




Debido al peligro de erosión se ha hecho un camino para los visitantes algo más alejado del filo de los acantilados. El problema es que se ha limitado el camino con grandes losas de piedra que son tan altas que dificultan la vista en algunos puntos, por lo que muchos visitantes optan por saltarse ese camino y pasar entre este y el filo de los acantilados, algo que en algunos puntos desaconsejo por peligroso pero que en otros hicimos también nosotros, ya que la distancia al borde era muy grande y no había peligro. 




Realizamos pues este recorrido que puede demorarse entre  hora y media y dos horas entre ida y vuelta. Después pasamos un tiempo en el centro de visitantes y aprovechamos para comer. Tras un ratito en el que los niños se entretuvieron viendo los audivisuales sobre los acantilados y jugando en la zona interactiva, proseguimos camino. 



Nos queda un buen trecho de viaje, y a veces Google Maps se empeña en meternos por unas carreteras que yo calificaría como un camino de cabras, pero vamos siguiendo la ruta prevista. Para ir desde los acantilados de Moher a Tralee, en el condado de Kerry, teníamos dos opciones. La primera opción aparentemente más directa sobre el mapa implicaba cruzar en ferry hasta la localidad de Tarbert y desde ahí seguir hasta Tralee, esto en realidad nos supondría más tiempo, por la demora de esperar el ferry, cruzar y desembarcar el coche. Optamos por la segunda opción que es un viaje todo por carretera, pasando por la localidad de Limerick, en la que no vamos a parar. Esta ruta pasa cerca del Castillo de Bunratty que es una visita interesante, no solo por el castillo sino por la recreación de las casas y el ambiente irlandés de hace más de un siglo que se puede visitar en el Folk Park que hay junto al castillo. 


Como nos habíamos relajado tanto en la visita a los acantilados y dedicado a esta más de tres horas, no paramos a visitar el castillo, ya que es una parada que necesita tambíen bastante tiempo, si se visita el parque. Proseguimos ruta y pasamos Limerick, tras lo cual hicimos una parada en la bonita localidad de Adare. 







Adare es sin duda uno de los pueblos más bonitos de Irlanda, lo más característico son sus cottage con techos de paja y rodeados de flores,  que te llamarán la atención al atravesar la localidad, lo cual provoca no pocos atascos a su paso. Además de estos destaca su iglesia, el castillo, semi en ruinas que se encuentra a las afueras y una abadía. Dedicamos a esta localidad una corta visita, ya que habíamos de atravesarla de nuevo en nuestro viaje de vuelta a Dublín, en el que le dedicaríamos algo más de tiempo. Fue por tanto una parada en el camino para descansar del viaje y de paso admirar las bonitas casitas que hay recorriendo su calle principal.




Después de esta parada llegamos por fin a Tralee, en donde vamos a pasar los próximos tres días y que será nuestro punto de partida para conocer la península de Dingle y el famoso Anillo de Kerry.


domingo, 27 de octubre de 2019

Ruta de un día por la región de Connemara, Irlanda. Wild Atlantic Way III.






En este post os voy a relatar nuestra ruta por la región de Connemara, situada entre los condados de Galway y Mayo. Esta región es una de las más bonitas de Irlanda y atesora bellezas naturales que nos dejaron una de las mejores impresiones de toda nuestra ruta por la costa oeste irlandesa. Es por otro lado una zona donde el turismo se concentra en ciertos puntos, como la Abadía de Kylemore o Clifden, y en la que se puede respirar una paz y una tranquilidad que acompaña el disfrute de sus maravillosos paisajes. 

Para conocer esta zona habíamos reservado una casa rural con airbnb, he de decir que mi experiencia con esta web de alquiler fue muy satisfactoria en Irlanda, siendo quizás este alojamiento el peor de los tres que reservé con ella. El alojamiento era demasiado rural para nosotros y con algunas deficiencias, no obstante esto no empañó nuestra estancia ya que en realidad pasamos en él poco tiempo.  Aunque como digo no era el mejor alojamiento de nuestro viaje, su situación era bastante buena. Situado a corta distancia de los pueblos de Clonbur y Cong, de los que os he hablado en una anterior entrada, y cerca de la orilla de un lago. 

Desde aquí nos dispusimos a explorar la región, la ruta elegida para pasar nuestro día fue:



Como hemos hecho en el resto de nuestro viaje en coche por Irlanda, nos dejamos guiar por Google Maps, en este punto os aconsejo descargaros previamente la zona que vais a explorar en mapas sin conexión, ya que hay muchos puntos en los que no hay cobertura de internet. Guiados pues por Maps nos dirigimos a nuestro primer destino, el fiordo de Killary. En nuestro camino hacia allí atravesamos una preciosa zona montañosa con unos paisajes increíbles y unas carreteras espantosas, lo cual viene siendo la tónica general en esta zona.







Después de una breve parada en el pueblo de Leenaun, que no nos pareció de gran interés, llegamos a Killary, concretamente al embarcadero desde el que salen los barcos que hacer el recorrido por el fiordo. Killary es el único fiordo de Irlanda, es un fiordo glacial que sirve de barrera natural entre los condados de Mayo y Galway. Nosotros decidimos no hacer la ruta en barco, ya que teníamos un día muy intenso de visitas.





Tras admirar la belleza de este enclave desde uno de los miradores que hay en los laterales de la carretera nacional 59, proseguimos viaje hacia nuestro siguiente destino, la Abadía de Kylemore, visita estrella de este día. 




Es sin duda uno de los lugares más conocidos y visitados de la zona, pero esto no le resta un ápice de encanto. Construida a las orillas del lago Connemara en el siglo XIX como prueba de amor del próspero hombre de negocios Mitchell Henry hacia su esposa Margaret Vaughan. La pareja se enamoró de la zona durante su luna de miel y trece años después Henry construye este romántico palacio. Desgraciadamente Margaret solo pudo disfrutarlo durante unos pocos años ya que murió poco después de una enfermedad contraida en un viaje a Egipto. Posteriormente pasaría a ser una Abadía.

El acceso está claramente señalizado desde la N59, y a la entrada hay un estacionamiento de gran capacidad donde se puede aparcar. Desde aquí nos dirigimos a la taquilla, la entrada cuesta 14 euros por adulto y 10 para niños o estudiantes.  Hay la opción de entrada familiar, dos adultos y hasta seis niños, que sale más económica. A nosotros la entrada familiar nos costó 38 euros, es algo más barata si los niños son menores de 10 años. La entrada incluye la visita a la Abadía, al bosque que la rodea y a los jardines victorianos. Es una parada que os llevará al menos un par de horas.





Como podéis ver en el plano, la visita a Kylemore es más que ver la Abadía, ya de por si impresionante, pero que os llevará poco más de media hora. Pasear por su bosque, ver la iglesia gótica, construida al estilo de una gran catedral pero de proporciones más contenidas, ver el jardín victoriano y la coqueta y bonita casa del jardinero mayor. Son muchas las cosas que se pueden hacer en Kylemore. Podríamos haber estado aquí el resto del día disfrutando el lugar, porque además el día estaba completamente soleado, lo que hacía la visita aún más agradable, desgraciadamente solo pudimos dedicar un par de horas al recinto.







Para ir desde la Abadía al jardín victoriano, hay un autobús lanzadera gratuito cada 15 minutos, otra opción es ir andando, son unos 20 minutos, pero es cuesta arriba, y este día hacía calor, por lo que nosotros optamos por el autobús. Después de un rato recorriendo los jardines y la bonita casa del jardinero mayor, tomamos de nuevo el autobús para  llegar al centro de visitantes y seguir viaje.

Proseguimos camino por la N-59 en dirección Clifden, ya que nuestra idea es visitar la localidad y hacer la famosa ruta Skyroad, una carretera circular de 10 km con salida y llegada a Clifden y desde la que se pueden admirar paisajes espectaculares. Dada la hora paramos a comer en un pequeño pueblo en el camino, Letterfrack, en el que vemos algunos restaurantes, elegimos uno al azar, se llama Clover Fox y resultó un gran acierto, tomamos un delicioso estofado irlandés a muy buen precio y el menú de los niños también era muy bueno. Tras esta parada llegamos a Clifden y decidimos visitar la localidad antes de tomar la Skyroad, cuyo acceso habíamos visto desde la N-59.





Clifden es uno de los pueblos más conocidos y turísticos de la zona y por ello elegido por muchos visitantes como el lugar de hospedaje para conocerla. Esto le da mucha vida por la cantidad de tiendas, hoteles y restaurantes que podemos encontrar pero no le resta belleza. Sus coloridas fachadas repletas de flores se encargan de que el visitante  se vaya con buen sabor de boca.

A nuestra llegada, aparcamos en un estacionamiento gratuito que hay por detrás de la oficina de turismo. Desde allí damos una vuelta por el pueblo, que es bastante coqueto aunque pequeño, y vemos la iglesia.





Iniciamos después la ruta por  la Skyroad, el nombre de esta carretera se debe a que parece conducir al cielo, ya que va ascendiendo hasta llegar a un mirador desde el que se pueden disfrutar unas maravillosas vistas de la costa y de las islas de esta zona.  Es una carretera muy estrecha y de doble sentido, por lo que hemos de recorrerla despacio, lo que permite disfrutar bien el paisaje.  La parte más bonita es la del mirador que hay en la zona más alta.




 Nuestro error fue  tomar la entrada más cercana a Clifden, cuando la mayoría de la gente la hace en el otro sentido, esto hizo que nos encontrásemos casi todos los coches en dirección contraria y con una carretera tan estrecha es un poco estresante, aunque el paisaje compensa la incomodidad de la conducción.

Desde Clifden tomamos la regional que va costeando para llegar a Roundstone, es un paisaje muy bonito, pasamos por una zona conocida como Dog´s Bay, y paramos, ya que nos llama la atención el color de la arena y del agua. En ella encontramos playas de arena casi blanca que le dan al mar un color turquesa. Dog's Bay tiene forma de herradura y más de una milla de extensión de playa de arena blanca. El color de la arena se debe a su composición, fragmentos de conchas marinas.




 Roundstone es una pequeña localidad pesquera, está rodeada de un área de gran belleza  y ha sido lugar de inspiración de numerosos artistas. Nosotros hicimos una parada en la zona del puerto, para desde aquí poner rumbo de vuelta a nuestro recóndito apartamento. Ha sido una jornada intensa, afortunadamente el largo día veraniego irlandés, donde anochece cerca de las 11, nos ha permitido disfrutarla en profundidad.











viernes, 18 de octubre de 2019

Villanueva de los Infantes y las Lagunas de Ruidera.





Hacía tiempo que me apetecía hacer una excursión a las Lagunas de Ruidera. Las había visitado bastantes años antes y  quería volver con mi familia. Aprovechando nuestro viaje decidimos parar también a conocer el pueblo de Villanueva de los Infantes, gran acierto. Villanueva forma parte de la asociación de los pueblos más bonitos de España, y razones no le faltan. 

Para llegar a Villanueva de los Infantes nos salimos de la A-4 a la altura de Valdepeñas, y desde esta localidad tomamos el desvío que nos llevaría a nuestro destino. Villanueva de los Infantes alberga uno de los conjuntos monumentales más bonitos de toda la Mancha: iglesias, conventos, palacios y casa nobles jalonan esta localidad. En 1350 pasó  a ser aldea de Montiel, hecha villa independiente por el infante D. Enrique de Aragón y sus hermanos. En gratitud a ellos tomó el nombre de Infantes en 1480 y en 1491 se le dio el de Villanueva. Fue declarada conjunto histórico-artístico en 1974.

Aparcar en Villanueva es fácil, a pesar de ser un sitio muy bonito no está masificado por el turismo y es bastante tranquilo. Aparcamos en una calle cerca de la Plaza Mayor, a la que nos dirigimos andando. Esta alberga el ayuntamiento y la magnífica iglesia de San Andrés, todo el conjunto es de gran belleza y data de principios del siglo XVII.




La iglesia de San Andrés tiene una impresionante fachada clasicista, enmarcada por un profundo arco de medio punto, con la imagen de San Andrés y el escudo de los Austrias. Sus otras dos puertas son de estilo renacentista. En su interior se encuentra la capilla de los Bustos, en cuya cripta fue enterrado Francisco de Quevedo en 1645. En la actualidad podemos ver, a través de un cristal, la lápida tras la que se encuentran los restos de este famoso escritor.




Al salir de la iglesia de San Andrés aprovechamos el buen día que nos hace a principios de Octubre para desayunar en una de las terracitas de esta plaza. Mientras desayunamos seguimos observando el bonito conjunto monumental y vemos como los pequeños grupos de turistas se reúnen en torno a las estatuas de Don Quijote y Sancho, con sus respectivas cabalgaduras, que se encuentran delante de la fachada del Ayuntamiento.

Desde la Plaza Mayor tomamos la calle Cervantes, en esta se encuentra la oficina de turismo. A lo largo de esta calle vamos encontrando varios edificios destacables como la casa del Caballero del Verde Gabán, en la que se inspiró Cervantes para describirla en el capítulo XVIII de la segunda parte del Quijote. Otro de los edificios destacables de esta calle es la casa-palacio de Rebuelta, esta tiene un pórtico de columnas pseudo-jónicas.





Llegamos a la Plaza de San Juan, en una de cuyas esquinas encontramos la iglesia de Santo Domingo. Desgraciadamente se encuentra cerrada por lo que no podemos visitar la celda en la que murió Quevedo y que se encuentra en su interior. En este recinto, además de la iglesia y la celda de Quevedo, se conserva el claustro del antiguo convento situado en este lugar.

A nuestra vuelta hacia el coche y muy cercana a la Plaza Mayor encontramos la Alhóndiga, edificio de siglo XVI destinado a casa de contratación. En  el siglo XVIII fue utilizado como cárcel. Tiene un magnífico patio interior formado por gruesas columnas, en ellas aún es posible ver las inscripciones dejadas por los presos. El patio está abierto para ser visitado y es de entrada gratuita.




Hay muchas otras casas y palacios destacables en la localidad, pero como el principal objeto de nuestra excursión era disfrutar la jornada en las Lagunas de Ruidera, decidimos proseguir nuestra  ruta. Para llegar tomamos dirección hacia Ossa de Montiel y desde allí accedimos a las lagunas. Antes de tomar el último tramo de acceso a las lagunas encontramos la indicación a la Cueva de Montesinos, famosa por ser nombrada en el Quijote,  que se encuentra a pocos metros de este cruce. Aunque es una visita interesante a nosotros en esta ocasión no nos cuadró en el itinerario.

El Parque Natural de las Lagunas de Ruidera está considerado uno de los espacios húmedos naturales más interesantes  y bellos de España. Se caracteriza por las caídas de agua que conectan unas lagunas con otras. Este paraje se ubica en el Alto Valle del Guadiana y sirve de límite provincial a Ciudad Real y Albacete. En una superficie de 4000 hectáreas se reparten 16 lagunas que escalonadamente forman saltos de agua y torrentes que van desde los primeros manantiales que surgen en la Laguna Blanca hasta las lagunas bajas y el Pantano de Peñarroya.




La vegetación del Parque es típicamente meseteña y mediterránea. El árbol dominante en las laderas y zonas altas es la encina, que convive con las sabinas en los parajes más elevados. En zonas más bajas el encinar es sustituido por un denso matorral, compuesto por coscojares, espinos y aliagas. En los fondos de los valles y márgenes de las lagunas aparecen los árboles de ribera. El pino carrasco aparece en algunas laderas de umbría ya que se ha utilizado en repoblaciones.







Desde Ossa de Montiel la primera laguna que viene indicada es la Laguna Blanca, nosotros decidimos no entrar por aquí ya que no teníamos claro que se pudiera conectar desde aquí con la otras por carretera. Accedimos pues  a la altura de la Laguna Redondilla,  en la zona se concentran varios  restaurantes y estaba bastante concurrida.  Nosotros preferimos un lugar algo más tranquilo,  por lo que decidimos conducir por la carretera que va paralela a las lagunas y tomar esta en dirección al pueblo de Ruidera.


A lo largo de este camino hay varias entradas a zonas de aparcamiento a la orilla de las lagunas y con acceso a  zonas de picnic o de chiringuitos, que en este mes estaban cerrados. Nosotros paramos a la altura de la Laguna Salvadora, accedimos al aparcamiento por una entrada situada junto enfrente de una gran casa blanca con los dinteles  de las ventanas y las puertas pintadas de azul. En este punto hay un acceso a un parquing y una zona de picnic, pero caminando un poco más también hay  acceso a una bonita y tranquila zona, con un pinar justo a la orilla de las lagunas. Fue allí donde decidimos montar nuestro campamento para disfrutar de nuestra jornada campestre. Íbamos provistos de toda clase viandas, somos un poco exagerados para ir de campo, no nos vayamos a quedar con hambre.




 En el caso de decidir comer en un restaurante son muchas las opciones que encontraréis a lo largo del recorrido de las lagunas,  la primera zona de restauración que  encontramos en el cruce del acceso desde Ossa de Montiel, una zona de camping y restaurantes que se encuentra un poco más adelante del punto que nosotros elegimos para pasar el día, o acercarse hasta el pueblo de Ruidera. En esta zona, junto a la Laguna del Rey, hay también un bonito restaurante con una terraza con vistas a la laguna.  En el paramos para tomar un café en nuestro trayecto de vuelta a Jaén, que decidimos hacer yendo hacia Ruidera y de allí a la Solana para seguir hacia Valdepeñas y tomar allí la A4 de vuelta a casa.

Si decidís hacer la ruta completa podéis seguir en dirección Argamasilla de Alba hasta el Embalse de Peñarroya y el castillo de Peñarroya, punto final de este espectacular paraje.