miércoles, 5 de agosto de 2026

Qué ver en Betanzos en un día: un paseo por una de las villas medievales más bonitas de Galicia.



Situada en el corazón de las Rías Altas, Betanzos es una de esas ciudades que sorprenden desde el primer momento. Declarada Conjunto Histórico-Artístico, fue una de las siete capitales del antiguo Reino de Galicia y conserva uno de los cascos históricos medievales mejor preservados de la comunidad.

Sus estrechas calles empedradas, sus iglesias góticas y románicas, sus pazos y los restos de la antigua muralla invitan a recorrerla sin prisas. Si dispones de un día, este itinerario te permitirá conocer los principales monumentos y, por supuesto, degustar su famosa tortilla.

Nuestra visita comienza en la Plaza de los Hermanos García Naveira, un amplio espacio presidido por dos de los edificios más representativos de la ciudad. El primero es la iglesia de Santo Domingo, tiene sus orígenes en el siglo XIII y es un ejemplo magnífico del estilo gótico. La fachada principal de la iglesia está adornada con detalles elaborados y esculturas que representan escenas bíblicas y símbolos religiosos. En el interior, podemos encontrar impresionantes vidrieras que iluminan el espacio con colores brillantes y crean una atmósfera de paz y serenidad. Al lado de la iglesia se encuentra un pequeño cine que es el más antiguo de la localidad y en la actualidad sede de un festival de cine. 




Frente a ella se encuentra la Casa de los Hermanos García Naveira, de estilo modernista, como otros edificios de esta plaza. Recuerdo de dos de los personajes más ilustres de Betanzos. Tras emigrar a Argentina y hacer fortuna, Juan y Jesús García Naveira regresaron a su ciudad natal para dedicar buena parte de su patrimonio a obras benéficas y educativas. Gracias a ellos se construyeron escuelas, asilos y el singular Parque del Pasatiempo, una de las obras más originales de Galicia. Desafortunadamente de este parque se conserva solo una pequeña parte que no es posible visitar en la actualidad al estar en obras. 

Desde la plaza comenzamos el ascenso por la calle Porta da Vila, una de las más emblemáticas del casco histórico. Su nombre recuerda la antigua Porta da Vila, una de las entradas principales de la muralla medieval. Aunque la puerta fue demolida en el siglo XIX para facilitar el acceso a la ciudad, el lugar donde estuvo sigue marcando uno de los antiguos accesos al recinto amurallado. También se conservan los tres escudos que la coronaban, hoy encajados en la fachada de una vivienda.  Durante la subida merece la pena detenerse frente a la Farmacia Doctor Couceiro, considerada la farmacia más antigua de Betanzos y uno de los comercios históricos mejor conservados de la ciudad.

Mientras paseamos resulta curioso observar los nombres de muchas de las calles del casco antiguo. Conservan la denominación de los gremios medievales que las habitaban, como Herreros, Plateros, Zapateros o Sombrereros. Es un detalle que ayuda a imaginar cómo se organizaba la vida en la ciudad durante la Edad Media, cuando cada oficio ocupaba una calle concreta.

La subida desemboca en la Plaza de la Constitución, auténtico corazón del Betanzos medieval. En ella se concentran algunos de los edificios civiles más importantes de la ciudad, como la Casa Consistorial, del siglo XVIII, el Pazo de Bendaña, del siglo XV y la singular Casa Núñez, actualmente sede de la Fundación CIEC (Centro Internacional de la Estampa Contemporánea).




Dominando la plaza se encuentra la magnífica iglesia de Santiago, uno de los mejores ejemplos del gótico gallego. Su portada es una auténtica obra maestra y en su interior sorprenden las columnas ligeramente inclinadas, una deformación provocada por el terremoto de Lisboa de 1755, cuyos efectos llegaron incluso hasta Galicia.

Descendiendo por las calles medievales llegamos a la Plaza de Santa María, presidida por la impresionante iglesia de Santa María del Azogue.  Construida entre los siglos XII y XIII, es uno de los mejores ejemplos del románico gallego en transición hacia el gótico. Su espectacular portada, los capiteles esculpidos y la riqueza decorativa de su fachada hacen que sea una de las iglesias más interesantes de toda Galicia. En su interior alberga un singular capitel con un calendario de oficios esculpido. 




En la misma plaza se encuentra también la iglesia  de San Francisco, uno de los grandes monumentos de Betanzos. Construida entre los siglos XIV y XV. Hay un elemento que convierte este templo en un lugar único, y  es el impresionante conjunto funerario que alberga en su interior. Hasta dieciséis sarcófagos pertenecientes a diferentes miembros de la familia Andrade se conservan repartidos por la iglesia, formando una de las colecciones de escultura funeraria medieval más importantes de España.  Entre todos ellos sobresale el del fundador del templo, Fernán Pérez de Andrade, señor feudal de la comarca,  una auténtica obra maestra que continúa fascinando a historiadores y visitantes.




Betanzos estuvo rodeada por una sólida muralla medieval que protegía la ciudad y controlaba el acceso a su interior. De las antiguas cinco puertas, la Porta da Vila, que hemos visto al inicio del recorrido, desapareció en el siglo XIX, aunque el lugar donde se encontraba continúa perfectamente identificado. Otras tres  puertas sí han llegado hasta nuestros días. La primera es la Porta do Cristo, levantada en el siglo XV. Sobre su arco destaca la imagen de un Cristo, origen de su nombre.  La segunda es la Porta da Ponte Nova, y la tercera es el Arco da Ponte Vella considerada la mejor conservada de la muralla. Todavía mantiene buena parte de su estructura original, incluyendo el arco de acceso, las ranuras por donde descendía el rastrillo y parte de los torreones defensivos, permitiendo imaginar cómo era la entrada a la ciudad durante la Edad Media.




Nuestro paseo concluye descendiendo hasta el puente sobre el río Mandeo. Bajamos hasta él atravesando el Arco da Ponte Vella. Este lugar era navegable en la Edad Media, constituyendo lugar de salida y entrada a la localidad por barco. El puente viejo de Betanzos, conocido como la Ponte Vella, es un monumento medieval de cinco arcos por el que pasan los peregrinos el Camino Inglés, descendiendo desde el Santuario de Nuestra Señora del Camino. Desde aquí parten los tradicionales caneiros en las fiestas de San Roque. 




La tortilla de Betanzos, un imprescindible. 

Ninguna visita a Betanzos está completa sin probar su plato más famoso: la tortilla de Betanzos. Su principal característica es que queda muy poco cuajada en el interior, elaborándose únicamente con huevos, patatas y sal, sin cebolla según la receta más tradicional. El resultado es una tortilla extraordinariamente jugosa que se ha convertido en una referencia gastronómica en toda España. Entre los establecimientos más recomendables para degustarla destacan Mesón O Pote, Mesón A Ribeira, Taberna 1931 y Casa Miranda, donde preparan este plato siguiendo la receta tradicional.


Las fiestas de San Roque y de los caneiros.


Si puedes elegir la fecha de tu visita, agosto es uno de los mejores momentos para conocer Betanzos. Durante las fiestas patronales de San Roque, la ciudad se llena de música, tradición y ambiente festivo. Uno de los actos más singulares es la subida de las embarcaciones llamadas caneiros por el río Mandeo, cuando decenas de barcas engalanadas remontan el río hasta el campo de los caneiros a unos pocos kilómetros de la localidad, ofreciendo un espectáculo muy vistoso. Estas fiestas también son famosas por el lanzamiento del Globo de San Roque, un enorme globo de papel construido artesanalmente que asciende iluminando el cielo de Betanzos, una tradición única que cada año reúne a miles de visitantes.

Betanzos demuestra que no hace falta recorrer grandes distancias para descubrir siglos de historia. Sus iglesias, pazos, calles gremiales, puertas medievales y plazas llenas de encanto convierten la ciudad en una de las visitas imprescindibles de las Rías Altas.

Y si a todo ello se suma una excelente gastronomía y unas fiestas con personalidad propia, el resultado es un destino que merece mucho más que una simple parada. Betanzos es una ciudad para pasearla despacio, disfrutar de su historia y, por supuesto, sentarse al final del recorrido a saborear una auténtica tortilla recién hecha.




martes, 4 de agosto de 2026

Qué ver en la Costa da Morte.


El norte de España se ha convertido en un destino popular en verano, a su belleza y su rica gastronomía se une un clima magnífico que permite escapar de las olas de calor estival. Es por ello que algunos lugares empiezan a estar masificados, como es la costa de Cantabria o las Rías Baixas gallegas. Pero hay una zona en la que aún es posible disfrutar de una escapada estival sin esa presión turística extrema, es la Costa da Morte. Son tantos los kilómetros de magníficas playas, rincones con encanto y pintorescos pueblos con auténtico sabor marinero, que no tendrás problema para relajarte en un entorno de tranquilidad. 

Después de haber visitado esta zona en varias ocasiones, mis 10 imprescindibles de la Costa da Morte son:



1. Corrubedo, dunas y Castro de Baroña





Pocos lugares reúnen en tan poco espacio tanta variedad de paisajes. El Parque Natural de Corrubedo sorprende con su enorme duna móvil, playas casi vírgenes y lagunas donde habitan numerosas especies de aves. Muy cerca, el Castro de Baroña parece desafiar al océano desde un promontorio rocoso. Sus antiguas murallas y las vistas del Atlántico convierten este yacimiento en uno de los castros más espectaculares y fotogénicos de Galicia.



2. Cascada de Ézaro


La Cascada de Ézaro es uno de esos rincones que dejan huella. El río Xallas salva un desnivel de más de cuarenta metros antes de fundirse con el Atlántico, un fenómeno muy poco habitual en Europa. Unas cómodas pasarelas permiten acercarse al salto de agua y, si se completa la visita con el mirador de Ézaro, se disfruta de una magnífica panorámica sobre la desembocadura y la Costa da Morte.



3. Muros


Muros conserva intacto el carácter de las antiguas villas marineras gallegas. Pasear por sus calles empedradas, atravesar los soportales de piedra y asomarse al puerto es viajar a una localidad donde la vida sigue girando alrededor del mar. Su patrimonio histórico, el ambiente tranquilo y la excelente gastronomía la convierten en una parada imprescindible.



4. Corcubión




A orillas de la ría que lleva su nombre, Corcubión destaca por la elegancia de su casco histórico, declarado Conjunto Histórico-Artístico. Casas señoriales, estrechas callejuelas y un agradable paseo junto al mar invitan a recorrer la villa sin prisas. Es un lugar perfecto para disfrutar del ambiente marinero y descubrir uno de los pueblos con más encanto de la Costa da Morte.



5. Finisterre, pueblo y faro



Durante siglos se creyó que este era el último rincón de la tierra conocida. Hoy, Fisterra sigue transmitiendo esa sensación de estar frente al inmenso océano. El puerto pesquero, las calles del pueblo y, sobre todo, el faro situado sobre los acantilados forman un conjunto inolvidable. Contemplar aquí la puesta de sol es una experiencia que muchos viajeros consideran el mejor final para un recorrido por Galicia.



6. Santuario de la Virgen de la Barca (Muxía)



El Santuario da Virxe da Barca se levanta en un entorno donde la fuerza del mar y las leyendas gallegas van de la mano. Rodeado por enormes rocas esculpidas por el viento y las olas, este lugar ha sido durante siglos un importante centro de peregrinación. La belleza del paisaje y la atmósfera que se respira hacen que la visita resulte tan emocionante como el propio edificio.



7. Camariñas y Faro Vilán




Camariñas es conocida por la tradición del encaje de bolillos, una artesanía que sigue muy presente en la localidad. A pocos kilómetros se encuentra el Faro Vilán, uno de los grandes símbolos de la Costa da Morte. Levantado sobre impresionantes acantilados, ofrece unas vistas espectaculares del océano y recuerda la dureza de un litoral marcado durante siglos por los naufragios.



8. A Coruña, casco histórico y Torre de Hércules



A Coruña combina patrimonio, cultura y mar en una ciudad muy agradable para recorrer a pie. Su casco antiguo conserva plazas, iglesias y edificios históricos llenos de vida, mientras que la Torre de Hércules, el faro romano en funcionamiento más antiguo del mundo, domina la costa desde hace casi dos mil años. Un paseo por el litoral completa una visita imprescindible.



9. San Andrés de Teixido



Entre montañas y acantilados se encuentra uno de los santuarios más singulares de Galicia. San Andrés de Teixido es famoso tanto por la belleza de su entorno como por la popular leyenda que afirma que quien no acude en vida tendrá que hacerlo después de morir. Más allá de la tradición, el paisaje de la Serra da Capelada convierte la visita en una de las más espectaculares de todo el litoral gallego.



10. Estaca de Bares y Puerto de Bares



En el extremo norte de la península ibérica, Estaca de Bares ofrece una sensación única de inmensidad, allí donde se encuentran el Atlántico y el Cantábrico. Su faro domina un paisaje de acantilados y naturaleza salvaje que invita a detenerse y contemplar el horizonte. Muy cerca, el pequeño Puerto de Bares conserva el encanto de las aldeas marineras tradicionales y permite descubrir un rincón tranquilo, alejado del turismo masivo.

jueves, 30 de julio de 2026

Ruta de 10 días recorriendo la Costa da Morte y la Mariña Lucense.



Cada verano, el norte de España se convierte en el refugio perfecto para quienes desean escapar del calor sofocante sin renunciar a paisajes espectaculares y una gastronomía excepcional. El clima suave, el verde infinito y la fuerza del Atlántico atraen cada vez a más viajeros, hasta el punto de que destinos tan populares como la costa de Cantabria, Asturias o las Rías Baixas registran una gran afluencia durante los meses estivales.

Sin embargo, Galicia todavía guarda un secreto para quienes prefieren descubrir lugares con calma. La Costa da Morte y la Mariña Lucense ofrecen una de las costas más sorprendentes de España, donde la naturaleza sigue siendo la gran protagonista. A lo largo de cientos de kilómetros se suceden playas salvajes, imponentes acantilados, faros que desafían al océano y pequeñas villas marineras que conservan intacta su identidad. Es un territorio que invita a detener el reloj, recorrer carreteras junto al mar, perderse entre miradores y saborear el auténtico carácter atlántico lejos de las aglomeraciones.

Si buscas una escapada de verano diferente, en la que cada playa parezca un pequeño descubrimiento y cada pueblo conserve el encanto de la Galicia más auténtica, las Rías Altas son un destino difícil de igualar. Un rincón donde el viaje no consiste solo en llegar, sino en disfrutar de cada kilómetro del camino.

Este verano hemos escogido ese lugar para nuestras vacaciones familiares.  Nuestro plan es recorrer la costa entre las localidades de Muxía y Ribadeo. Para ello vamos a pasar nueve noches en tres alojamientos distintos. Escogemos las localidades de Laxe, Betanzos y Foz como sedes para recorrerla  sin hacer demasiados kilómetros diarios. No visitamos la localidad de Finisterre porque ya lo hemos hecho en anteriores ocasiones, pero si vuestra intención es visitar esta zona y no la conocéis, sin duda es una parada imprescindible.
 
Esta zona destaca por sus preciosas playas, sus faros y sus monumentales pazos, además de por su rica gastronomía, en la que destacan los percebes, las vieiras y el pulpo. De todos estos manjares vamos a dar buena cuenta en nuestro viaje. Nuestra intención era visitar también una lonja de pescado donde se realizara una subasta de forma tradicional, pero al final no fue posible. 
 

 
Nuestro plan de viaje es el siguiente:
 
Día 1  – Alcalá de Henares → Ponferrada → Laxe 
 
Día 2 ·  – Laxe → Vimianzo → Muxía → Santuario da Virxe da Barca → Camariñas → Cabo Vilán → Playa de Traba → Faro de Laxe → Laxe
 
Día 3 · – Laxe → Playa de los Cristales → Pazo Torres do Allo → Dolmen de Dombate → Castro de Borneiro → Playa de Traba → Laxe  
 
Día 4 ·  – Laxe → Malpica → Faro de Punta Nariga → Betanzos 
 
Día 5 · – Betanzos → A Coruña → Playa de Dexo → Betanzos 
 
Día 6 · – Betanzos → Fragas do Eume → Monasterio de Caaveiro → Pontedeume → Pazo de Mariñán → Betanzos  
 
Día 7 ·  – Betanzos → San Andrés de Teixido → Cedeira → Cabo Ortegal → Foz  
 
Día 8 ·  – Foz → Fuciño do Porco → Estaca de Bares → Puerto de Bares → O Barqueiro → Playa de Esteiro → Viveiro → Foz  
 
Día 9 ·  – Foz → Playa de las Catedrales → Taramundi → Os Teixois → Foz  
 
Día 10 · – Foz → Alcalá de Henares.
 
Nos ceñimos con bastante aproximación al plan de viaje. Algunos de los puntos a visitar, como el Pazo Mariñán, la ruta de Fuciño do Porco y  la playa de las Catedrales, es necesario preverlas con tiempo, ya que requieren reserva previa, al menos en temporada alta. 
 

 
 
 

 Día 1  – Alcalá de Henares → Ponferrada → Laxe 

 
En nuestro viaje a tierras gallegas, paramos en la localidad de Ponferrada, fue una parada rápida, para partir un poco el viaje, pero aprovechamos para ver su castillo, aunque solo por fuera porque era lunes. El casco histórico de Ponferrada es pequeñito y el monumento más destacado es su castillo, por lo que en un par de horas se puede visitar esta localidad.  
  
La primera sede de nuestro viaje fue el pueblecito de Laxe, donde habíamos reservado un apartamento en primera línea de playa. Esta es un precioso arenal de color blanco al que se llega atravesando unas dunas. Es una playa muy bonita y bastante extensa, con una parte menos concurrida y otra, la que está enfrente del centro del pueblo, más popular, aunque sin llegar nunca a masificarse. Dispone de duchas, pero no de chiringuitos ni socorrista, al menos yo no los vi.
 
Nuestra visita coincidió con una festividad local, por lo que tuvimos el privilegio de disfrutar dos noches de una de las famosas orquestas de las fiestas gallegas. La verdad es que se nota lo que gusta un verbena popular por esta zona, no escatiman en escenario y puesta en escena. 

 

 Día 2 ·  – Vimianzo → Muxía → Santuario da Virxe da Barca → Camariñas → Cabo Vilán → Playa de Traba → Faro de Laxe 

 
Nuestro segundo día lo iniciamos con la visita a la localidad de Vimianzo, donde fuimos para ver su castillo. Después de hacerlo, tengo que decir que es una visita prescindible, ya que en su interior hay tiendas de artesanía, pero no tiene mucho encanto, al menos para mí. Si visitáis esta localidad a mediados de julio podéis coincidir con una fiesta local de "Rapa das Bestias", no fue nuestro caso. 




 
Tras Vimianzo nos dirigimos a Muxía, donde fuimos directamente a visitar el Santuario de la Virgen de Barca. Es un lugar precioso, con un sobrecogedor entorno rocoso que rodea el edificio. Algunas de las rocas tienen  leyendas asociadas,  merece la pena entretenerse en descubrirlas y descifrarlas. 


En nuestro camino desde Muxía hacia Camariñas pasamos por una zona en la que paramos, ya que nos llamó la atención por lo bonita que era, es la localidad Porto de Cereixo, situada al final de una ría y con un enclave muy pintoresco. Paramos a dar un paseo por unas pasarelas de madera que llegan hasta un Pazo, las Torres de Cereixo, que son bastante imponentes, con una imagen de castillo. Desafortunadamente es un edificio privado y no se puede visitar, pero la zona es bonita y merece una pequeña parada, destaca también la iglesia de la localidad, del siglo XII.  



 
Llegamos después a Camariñas, donde paramos a comer en la zona del puerto, para después visitar el  cercano cabo Vilán. Camariñas es un pintoresco pueblo de pescadores, famoso por los encajes de bolillos. Tras esta visita nos paramos en una playa que habíamos visto desde la carretera y que nos había llamado la atención por su belleza, es la playa de Ariño. Es un paraje natural muy bonito, en el que hay también un merendero. 





 
Después de estas visitas, aún nos queda tiempo para pasar un rato en la playa de Laxe. Las tardes estivales en Galicia son muy largas, y si el tiempo acompaña, como fue el caso, se puede disfrutar un ratito agradable en la playa, eso sí, el baño solo para los que toleran el agua muy fría. 
 
Al atardecer nos acercamos al faro de Laxe, que sin ser de los más  bonitos de la zona, permite disfrutar de una espectacular puesta de sol. Ya en la noche bajamos a la plaza para disfrutar de la orquesta que amenizaba las fiestas locales.  
 

 Día 3 · –  Playa de los Cristales → Pazo Torres do Allo → Dolmen de Dombate → Castro de Borneiro → Playa de Traba 

 
Nuestro tercer día lo vamos a dedicar a visitar el patrimonio arqueológico gallego de la zona, tal como teníamos previsto. 
 
Previo a esto hacemos una pequeña parada en una cala en Laxe. Habíamos visto en internet que  había una pequeña cala llamada la playa de los cristales, nos llamó la atención y nos acercamos. La verdad es que me decepcionó bastante, no es muy bonita, los cristales son escasos y solo en colores verde y marrón (se formaron por los desechos de una antigua envasadora, al redondear el mar los fragmentos). Además el acceso es complicado, ya que está junto al cementerio de Laxe, en una carretera con tráfico restringido, solo para residentes. Prescindible sin duda. 
 
Tras esta decepcionante parada seguimos el orden del día, visitando el Pazo de Torres do Allo. Es este uno de los pazos más antiguos de Galicia, remontándose su construcción a finales del siglo XV. Aunque el edificio es bastante bonito por fuera, con un balcón que haría las delicias de cualquier Julieta, por dentro no tiene mucho encanto, ya que está panelado para campamentos juveniles y visitas de colegios. Merece la pena destacar la carretera de acceso con los árboles entrelazados que tiene un cierto parecido con la famosa Dark Hedges, de Irlanda del Norte. Desde Torres do Allo hay pocos kilómetros para llegar a nuestro siguiente destino, el Dolmen de Dombate. 



 
Es este uno de los monumentos más importantes del arte megalítico de Galicia. Datado entre el 3000 y el 2500 a.c, su belleza y buen estado de conservación lo ha llevado a ser considerado la Catedral del Megalitismo Gallego. Se ha construido a su lado un centro de interpretación donde se puede visitar el interior de una réplica y admirar sus peculiares pinturas, ya que el monumento real solo es posible admirarlo desde fuera.  

 



En el Dolmen de Dombate hacen visitas guiadas gratuitas, tanto en gallego como en castellano, y merece la pena porque te explican muchas cosas de este peculiar monumento que de otra forma te perderías. Nosotros llegamos a una hora en la que la visita era en gallego, pero se entendía perfectamente. 
 
Tras el Dolmen, visitamos el cercano Castro de Borneiro, en este caso en visita libre.  Este conjunto se compone de varias decenas de viviendas circulares, situadas en un recinto amurallado, y una cantidad menor de edificaciones auxiliares exteriores. Se cree que estaba habitado hacia el año 145 a. de C. El entorno es muy bonito y antes de las escaleras de acceso hay un merendero al lado del río. 
 


 
Tras las visitas culturales nos vamos a dar un homenaje de la gastronomía gallega. Hemos elegido un restaurante cercano,  llamado A Lareira, magnífico sin duda, no es de los sitios más baratos por la zona, pero tiene unas carnes a la brasa impresionantes. Nos comimos un chuletón de ternera de más de un kilo, además de otras  delicias, y el precio medio está entre 30/40 euros por cabeza. 
 
A la vuelta paramos a ver  la magnífica playa de Traba,  y después nos quedamos en la de Laxe para disfrutar del mar. En  la noche aprovechamos  de nuevo las fiestas locales para disfrutar en la verbena de Laxe. 
 

Día 4 ·  – Laxe → Malpica → Faro de Punta Nariga → Betanzos 

 
Nos despedimos de Laxe en esta jornada para poner rumbo a nuestro siguiente destino, una pequeña pedanía cerca de Betanzos,  Queirís. Hemos reservado un free tour por la tarde para conocer Betanzos,  pero antes de llegar vamos a hacer un par de paradas. 
 
La primera es el faro de Punta Nariga, entorno que tenemos el privilegio de recorrer en soledad, ya que llegamos temprano en la mañana. No es un faro muy antiguo, pero es muy bonito, ya que se ha diseñado teniendo en cuenta el entorno. El faro emula la forma de un barco, pero sus materiales se  mimetizan con las rocas de su alrededor, y son unas rocas con unas formas peculiares y llamativas. Sin duda un paisaje precioso. 
 


Después esta visita pusimos rumbo a Malpica, uno de los puertos pesqueros con más tradición de la Costa da Morte. Aparcamos sin dificultad en la zona del puerto, donde hay bastante espacio, y desde allí comenzamos a recorrer la localidad.

La primera impresión es la de un pueblo que sigue viviendo de cara al mar. Su puerto conserva una actividad constante y la amplia playa de Area Maior ofrece una bonita panorámica del casco urbano. Es cierto que gran parte de las antiguas casas de pescadores han dado paso, con el paso de las décadas, a edificios de viviendas levantados para responder al crecimiento de la población. Esa transformación ha cambiado la imagen tradicional de Malpica, aunque el impacto visual se ha suavizado gracias a las coloridas fachadas que miran hacia la playa y aportan un aire alegre al conjunto.

Pero el verdadero encanto de Malpica no está  en su estampa, sino en su autenticidad. Aquí el mar no es un decorado pensado para el visitante: es el motor de la vida cotidiana. Si tienes la suerte de coincidir con la llegada de la flota pesquera, podrás contemplar el ir y venir de los barcos, la descarga del pescado y el bullicio del puerto, una escena que recuerda que este sigue siendo un pueblo donde el mar marca el ritmo de cada jornada.

Y si hay un lugar que hizo inolvidable nuestra visita, ese fue el restaurante Café de Mar. Allí disfrutamos de algunos de los mejores sabores del viaje, empezando por unos excelentes percebes de la Costa da Morte y terminando con una croqueta de chipirones que todavía hoy recuerdo. Sin exagerar, diría que es la mejor croqueta de chipirones que he probado nunca: cremosa, intensa y con un sabor a mar difícil de olvidar. Solo por sentarse a esa mesa, Malpica ya merece una parada en cualquier ruta por la costa gallega.





Después llegamos a Betanzos, donde recorremos su precioso casco histórico de la mano de nuestro guía que nos habla  de la historia de la localidad y de sus principales monumentos.  Por la noche degustamos la famosa tortilla de Betanzos, que aunque rica me pareció sobrestimada y a un precio turístico total. Hay muchas tascas en los alrededores de la Plaza de los hermanos García Naveira donde la podéis probar. 
 
Betanzos es una ciudad muy monumental, con un casco antiguo en el que aún podemos ver tres de las puertas de acceso por la muralla. El caserío, que conserva su trazado medieval concéntrico, se alza sobre una loma en la que antes hubo  un castro. Las iglesias góticas de San Francisco, Santiago y Santa María del Azogue constituyen un referente del  gótico coruñés.  La iglesia de Santiago es una bella muestra de la transición del románico al gótico, a la que se añade una discreta fachada neomedieval, con cierto aire lombardo. Podemos apreciar una ligera inclinación de su torre que también se capta en las columnas del interior de su nave, es una secuela del terremoto de Lisboa. Otro monumento a destacar es la iglesia de Santa María del Azogue.  En uno de los capiteles de una columna de su nave izquierda podemos ver unos relieves que representan un calendario,  es un capitel gótico del siglo XIV que muestra los meses del año y las labores agrícolas.



 

Día 5 · – A Coruña → Playa de Dexo → Betanzos 

 
El quinto día lo vamos a dedicar a visitar la Coruña. Llegamos directamente con el coche a la Torre de Hércules, nuestra intención es dejar el coche en el aparcamiento gratuito que hay al lado de la Torre, visitar esta y luego bajar en autobús al centro. Pero en temporada alta encontrar un sitio libre en este aparcamiento es complicado, después de un par de vueltas tenemos la suerte de encontrar un hueco, por lo que nos dirigimos a la Torre. Como no habíamos comprado la entrada para subir previamente, no había hasta un par de horas después, y queríamos visitar también el resto de la ciudad, por lo que solo la vimos por fuera. Es bastante impresionante en cualquier caso, y el entorno es muy bonito. Impresiona más cuando sabes que es el faro más antiguo del mundo en funcionamiento, ya que es de origen romano. Aunque se ha remodelado en su exterior, aún presenta elementos romanos reconocibles.



 
Tras la visita a la Torre bajamos en autobús (linea 3A) a las inmediaciones del castillo de San Antón, una fortaleza portuaria, hoy museo arqueológico. Tras esta visita vamos andando hacia la iglesia de Santiago, precioso edificio románico.  Como curiosidad os diré que es el único templo español con tallas de una Virgen embarazada y amamantando al niño. Proseguimos hasta la Plaza del General Azcáraga, donde había un mercado medieval muy animado. Después visitamos la monumental Plaza de María Pita y terminamos admirando las señoriales cristaleras blancas del paseo de la Marina. 


Plaza María Pita. 




 
La intención era pasar la tarde en una de las bonitas playas que hay por la zona, pero el tiempo en Galicia es traicionero, incluso en verano, y el día no invitaba a ir a la playa. Decidimos por tanto volver a nuestro apartamento en Queirís. Allí, al lado del río hay un centro de interpretación de la naturaleza y una preciosa ruta por la orilla del río Mandeo. 




 
 
Ya en la noche nos desplazamos a la cercana localidad costera de Sada, para ir a la playa de Mozarón, ya que mi hija en redes sociales había visto que era posible ver el fenómeno de bioluminiscencia en algunas playas de esta zona. La bioluminiscencia se conoce popularmente como el Mar de Ardora, ocurriendo principalmente en las costas de Galicia (Rías Baixas y Costa da Morte). Este fenómeno brilla con destellos de color azul eléctrico debido al movimiento del agua sobre microorganismos.  Aunque no  tuvimos  la suerte de verlos, lo que sí no encantó fue la playa, a la que se accede por unas escaleras y  nos impresionó por su belleza natural.  Esta playa solo es accesible con marea baja, ya que con marea alta está totalmente cubierta. 


 

Día 6 · – Fragas do Eume → Monasterio de Caaveiro → Pontedeume → Pazo de Mariñán  

 
El plan de hoy de visitar las Fragas de Eume, un bonito bosque autóctono gallego, en cuyo interior se encuentran las ruinas de un monasterio, el monasterio de Caabeiro, del siglo X. 




 
La carretera de acceso al monasterio se encuentra cortada en  temporada alta. En años anteriores se ha habilitado un autobús lanzadera desde el centro de visitantes, pero este año no, por lo que la única forma de llegar es recorrer a pie los siete km de ida, y siete de vuelta. Nosotros lo hicimos, pero, aunque el bosque es bonito, el recorrido es todo el rato por carretera y creo que no merece la pena. Dedicamos casi seis horas a lo que iba a ser una visita mucho más corta. En caso de que os decidáis a visitarlo no podéis dejar pasar un pequeño molino que se encuentra al final de un camino entre el acceso desde el bar hasta el monasterio, en este rincón, hay una bonita cascada y un puente. Si tuviera que pensar en un bosque gallego este sería el rincón de mi imaginación. 
 
 
Después hicimos una corta parada en la bonita localidad de Pontedeume, tiene una coqueta plaza, aunque totalmente tomada por las sombrillas de restaurantes y cafeterías. Destaca también el imponente Torreón de los Andrade y las bonitas vistas sobre la ría. 




Mi idea inicial era visitar el Pazo de Meirás, situado a pocos kilómetros de allí, pero las plazas para recorrerlo suelen agotarse con bastante antelación y, en esta ocasión, no llegué a tiempo para conseguir una reserva. Como alternativa, opté por el Pazo de Mariñán, una visita mucho más sencilla de organizar y que terminó convirtiéndose en una agradable sorpresa.

Este elegante pazo, cuyos orígenes se remontan al siglo XV y que alcanzó su aspecto actual tras las reformas de los siglos XVII y XVIII, fue durante siglos la residencia de una influyente familia nobiliaria gallega. Hoy pertenece a la Diputación de A Coruña y abre sus puertas al público mediante visitas guiadas gratuitas. Recorrer sus salones permite descubrir mobiliario histórico, tapices, pinturas y otros elementos que evocan el esplendor de la aristocracia gallega, mientras que el exterior invita a pasear sin prisas entre jardines de inspiración francesa, árboles centenarios y una privilegiada terraza natural con vistas a la ría de Betanzos. Una visita tranquila y muy recomendable para quienes disfrutan de la historia, la arquitectura y los rincones con encanto.





 

Día 7 ·  – Betanzos → San Andrés de Teixido → Cedeira → Cabo Ortegal → Foz  

 
Dejamos atrás Betanzos para poner rumbo a la Mariña Lucense, una de las etapas que más ilusión me hacía del viaje. Antes de llegar, hicimos una parada en uno de los lugares más singulares de Galicia: la pequeña aldea de San Andrés de Teixido, encaramada sobre los acantilados de la sierra da Capelada.

Este santuario es conocido por una de las leyendas más populares de la tradición gallega: «A San Andrés de Teixido vai de morto quen non foi de vivo». Es decir, quien no peregrine hasta aquí en vida tendrá que hacerlo después de muerto. Por si acaso, preferimos adelantarnos y ahorrarle semejante viaje a nuestros espíritus.

La carretera que asciende hasta la aldea ya merece por sí sola el desvío. Antes de llegar hay varios miradores desde los que se contemplan algunos de los paisajes más espectaculares de la costa gallega, con los abruptos acantilados de la sierra da Capelada precipitándose sobre el Atlántico. Un magnífico anticipo de lo que nos esperaba en los siguientes días de ruta.




 
Paramos después a visitar la cercana localidad de Cereida, en la que también aprovechamos para comer. Y posteriormente nos dirigimos a Faro de Cabo Ortegal, conocido por ser el lugar que marca la frontera entre el Mar Cantábrico y el Océano Atlántico. 



Para llegar al faro de Cabo Ortegal se pasa por una localidad llamada Cariño. Independientemente de lo llamativo del nombre, el pueblo es muy bonito, y merece la pena una pequeña parada para visitarlo. Si no disponéis de tiempo,  al menos admiradlo desde la carretera que baja de vuelta del faro, porque tiene una imagen muy pintoresca, con sus casitas de colores al borde del acantilado. 





Después llegamos a Foz, donde hemos alquilado un apartamento cerca del puerto, el resto del día lo dedicamos a conocer la localidad. En ella, además de la plaza de la iglesia, el paseo marítimo y la playa, destaca la Basílica de San Martiño de Mondoñedo, situada a las afueras de la localidad. Iglesia construida en los ss. XI-XII sobre un antiguo templo prerrománico del s. X.   




 

Día 8 ·  –  Fuciño do Porco → Estaca de Bares → Puerto de Bares → O Barqueiro → Playa de Esteiro → Viveiro  
 

Este es probablemente el día que paisajísticamente más me ha gustado de todo el viaje. Comenzamos la jornada en la Punta de Fuciño do Porco, uno de los lugares más fotografiados de esta costa. Aunque el acceso es gratuito, durante el verano es imprescindible reservar con antelación, ya que el número de visitantes diarios está limitado para proteger el entorno natural. El recorrido, de unos tres kilómetros entre ida y vuelta, discurre por una pasarela y una sucesión de escaleras de madera que serpentean sobre el acantilado hasta alcanzar un espectacular mirador sobre el mar. Las vistas son sencillamente impresionantes y, aunque hay que salvar unos cuantos escalones, el esfuerzo queda más que recompensado. Sin duda, una de esas visitas que justifican por sí solas un viaje a la Mariña Lucense.




La ruta se recorre con tranquilidad en aproximadamente una hora. Desde allí continuamos hasta el faro de Estaca de Bares, un lugar muy especial por encontrarse en el punto más septentrional de la península ibérica, donde el mar Cantábrico y el océano Atlántico parecen darse la mano. Las vistas desde este extremo de Galicia son magníficas y transmiten esa sensación de estar en el fin de la tierra.

Apenas unos minutos más abajo se encuentra el pequeño puerto de Bares, uno de esos rincones que aparecen casi por sorpresa y terminan convirtiéndose en uno de los grandes recuerdos del viaje. Su diminuta playa salpicada de barcas de colores, las modestas casas marineras y el ambiente tranquilo crean una estampa de enorme belleza. Además, conserva uno de sus mayores tesoros: un impresionante espigón ciclópeo cuya construcción se atribuye, según distintas teorías, a época fenicia o romana, una obra de ingeniería que lleva siglos protegiendo el abrigo natural del puerto y que añade un atractivo histórico a un lugar ya de por sí fascinante.

Para completar la visita, no pudimos elegir mejor sitio donde comer. En el restaurante Muller Mariña disfrutamos de una excelente cocina marinera elaborada con producto fresco y de una sobremesa con vistas que hizo todavía más especial la parada. De esos lugares que uno recomienda sin dudar y a los que volvería encantada.





 
Posteriormente nos fuimos al puerto de Barqueiro, otra preciosidad de sitio. La tarde la pasamos en la cercana playa de Esteiro, un magnífico arenal en el que es posible alquilar equipo para hacer surf. Como mi hija tenía interés en hacerlo, nos quedamos aquí.  La intención era visitar Viveiro a la vuelta, pero después de una tarde en la playa, llenos de arena, lo que menos apetece es una visita cultural, así que volvimos a Foz. 
 





Si tenéis oportunidad os recomiendo visitar el casco antiguo de esta localidad, al que se accede por una puerta amurallada que veréis desde la carretera.  
 
 
Día 9 ·  – Foz → Playa de las Catedrales → Taramundi → Os Teixois → Foz  
 
Penúltimo día y estamos parando a apenas veinte minutos en coche de la Playa de las Catedrales.  A pesar de que sabemos que va a ser un destino muy popular, no nos podemos ir sin pasar. Habíamos reservado la visita, ya que en verano es imprescindible hacerlo. Habíamos comprobado la hora de las mareas, que ese día tenía la bajamar a las 10.38 de la mañana, así que nos dirigimos hacia allí y llegamos algo antes de las 10. Había bastante gente pero no las colas que habíamos visto en redes sociales. 




 
La playa de las Catedrales es impresionante, pero el problema es que solo es accesible con marea baja, unas cuatro o cinco horas al día, y además hay un tramo en el que hay que pasar atravesando un montículo de rocas, para llegar al famoso arco, y ahí es donde se forma el tapón, porque es una zona por la que has de pasar tanto al salir como al entrar. En el resto de la playa hay gente, pero al ser tan grande no hay agobio. En este punto sí, nosotros tuvimos suerte y al llegar antes de las 10 no había mucha gente para pasar, además si vas con el calzado  adecuado para mojarte puedes pasar por la parte donde hay agua y ahorrarte la cola. Cuando fuimos a salir había una cola impresionante para pasar por este punto. 
 
Tras la playa de las Catedrales nos fuimos a Taramundi, es un pueblo bonito, pero no cumplió mis expectativas.  Sí lo hizo el cercano enclave de os Teixois, muy bien conservado. El caserío  dista unos 4 km de la villa de Taramundi y, además de mostrar su arquitectura tradicional plasmada en sus casas y construcciones auxiliares, posee un importante conjunto de ingenios hidráulicos: mazo, rueda de afilar, una pequeña central eléctrica, molino hidráulico y un batán, todas ellas en sorprendente buen estado de funcionamiento. Hay visitas guiadas de este conjunto de ingenios hidráulicos. Sin duda constituye un precioso conjunto etnográfico, además de contar con un magnífico restaurante, El Mazo, los cachopos quitaban el aliento. 





Como la visita a Taramundi fue más corta de lo esperado, nos quedó tiempo para visitar la monumental localidad de Mondoñedo, con su preciosa plaza y el impresionante edificio de la catedral. En esta localidad merece mucho la pena también acercarse al peculiar barrio de dos Muiños. En este barrio se encuentra también el Puente del Pasatiempo, llamado así por una leyenda. Cuenta esta que estando un noble en prisión en la localidad, su esposa se desplazó para conseguir un indulto de los Reyes Católicos, logrando su objetivo, pero a la vuelta a Mondoñedo, los enemigos de su marido la  entretuvieron en el puente, no logrando esta llegar a tiempo para evitar su ejecución.  



Como llegamos a Mondoñedo a la hora del café, no nos resistimos a probar la famosa tarta Mondoñedo. 

 

Día 10 · – Foz→ Alcalá de Henares.

 
Nos despedimos de Galicia y ponemos rumbo a nuestra localidad de origen. Viendo como sube la temperatura de nuestro coche a cada kilómetro que nos alejamos de esta maravillosa costa. Ai, Galicia...aínda nin sequera marchei e xa te boto de menos.