jueves, 30 de julio de 2026

Ruta de 10 días recorriendo la Costa da Morte y la Mariña Lucense.



Cada verano, el norte de España se convierte en el refugio perfecto para quienes desean escapar del calor sofocante sin renunciar a paisajes espectaculares y una gastronomía excepcional. El clima suave, el verde infinito y la fuerza del Atlántico atraen cada vez a más viajeros, hasta el punto de que destinos tan populares como la costa de Cantabria, Asturias o las Rías Baixas registran una gran afluencia durante los meses estivales.

Sin embargo, Galicia todavía guarda un secreto para quienes prefieren descubrir lugares con calma. La Costa da Morte y la Mariña Lucense ofrecen uno de los litorales más sorprendentes de España, donde la naturaleza sigue siendo la gran protagonista. A lo largo de cientos de kilómetros se suceden playas salvajes, imponentes acantilados, faros que desafían al océano y pequeñas villas marineras que conservan intacta su identidad. Es un territorio que invita a detener el reloj, recorrer carreteras junto al mar, perderse entre miradores y saborear el auténtico carácter atlántico lejos de las aglomeraciones.

Si buscas una escapada de verano diferente, en la que cada playa parezca un pequeño descubrimiento y cada pueblo conserve el encanto de la Galicia más auténtica, las Rías Altas son un destino difícil de igualar. Un rincón donde el viaje no consiste solo en llegar, sino en disfrutar de cada kilómetro del camino.

Este verano hemos escogido ese lugar para nuestras vacaciones familiares.  Nuestro plan es recorrer la costa entre las localidades de Muxía y Ribadeo. Para ello vamos a pasar nueve noches en tres alojamientos distintos. Escogemos las localidades de Laxe, Betanzos y Foz como sedes para recorrerla  sin hacer demasiados kilómetros diarios. No visitamos la localidad de Finisterre porque ya lo hemos hecho en anteriores ocasiones, pero si vuestra intención es visitar esta zona y no la conocéis, sin duda es una parada imprescindible.
 
Esta zona destaca por sus preciosas playas, sus faros y sus monumentales pazos, además de por su rica gastronomía, en la que destacan los percebes, las vieiras y el pulpo. De todos estos manjares vamos a dar buena cuenta en nuestro viaje. Nuestra intención era visitar también una lonja de pescado donde se realizara una subasta de forma tradicional, pero al final no fue posible. 
 

 
Nuestro plan de viaje es el siguiente:
 
Día 1  – Alcalá de Henares → Ponferrada → Laxe 
 
Día 2 ·  – Laxe → Vimianzo → Muxía → Santuario da Virxe da Barca → Camariñas → Cabo Vilán → Playa de Traba → Faro de Laxe → Laxe
 
Día 3 · – Laxe → Playa de los Cristales → Pazo Torres do Allo → Dolmen de Dombate → Castro de Borneiro → Playa de Traba → Laxe  
 
Día 4 ·  – Laxe → Malpica → Faro de Punta Nariga → Betanzos 
 
Día 5 · – Betanzos → A Coruña → Playa de Dexo → Betanzos 
 
Día 6 · – Betanzos → Fragas do Eume → Monasterio de Caaveiro → Pontedeume → Pazo de Mariñán → Betanzos  
 
Día 7 ·  – Betanzos → San Andrés de Teixido → Cedeira → Cabo Ortegal → Foz  
 
Día 8 ·  – Foz → Fuciño do Porco → Estaca de Bares → Puerto de Bares → O Barqueiro → Playa de Esteiro → Viveiro → Foz  
 
Día 9 ·  – Foz → Playa de las Catedrales → Taramundi → Os Teixois → Foz  
 
Día 10 · – Foz → Alcalá de Henares.
 
Nos ceñimos con bastante aproximación al plan de viaje. Algunos de los puntos a visitar, como el Pazo Mariñán, la ruta de Fuciño do Porco y  la playa de las Catedrales, es necesario preverlas con tiempo, ya que requieren reserva previa, al menos en temporada alta. 
 

 
 
 

 Día 1  – Alcalá de Henares → Ponferrada → Laxe 

 
En nuestro viaje a tierras gallegas, paramos en la localidad de Ponferrada, fue una parada rápida, para partir un poco el viaje, pero aprovechamos para ver su castillo, aunque solo por fuera porque era lunes. El casco histórico de Ponferrada es pequeñito y el monumento más destacado es su castillo, por lo que en un par de horas se puede visitar esta localidad.  
  
La primera sede de nuestro viaje fue el pueblecito de Laxe, donde habíamos reservado un apartamento en primera línea de playa. Esta es un precioso arenal de color blanco al que se llega atravesando unas dunas. Es una playa muy bonita y bastante extensa, con una parte menos concurrida y otra, la que está enfrente del centro del pueblo, más popular, aunque sin llegar nunca a masificarse. Dispone de duchas, pero no de chiringuitos ni socorrista, al menos yo no los vi.
 
Nuestra visita coincidió con una festividad local, por lo que tuvimos el privilegio de disfrutar dos noches de una de las famosas orquestas de las fiestas gallegas. La verdad es que se nota lo que gusta un verbena popular por esta zona, no escatiman en escenario y puesta en escena. 

 

 Día 2 ·  – Vimianzo → Muxía → Santuario da Virxe da Barca → Camariñas → Cabo Vilán → Playa de Traba → Faro de Laxe 

 
Nuestro segundo día lo iniciamos con la visita a la localidad de Vimianzo, donde fuimos para ver su castillo. Después de hacerlo, tengo que decir que es una visita prescindible, ya que en su interior hay tiendas de artesanía, pero no tiene mucho encanto, al menos para mí. Si visitáis esta localidad a mediados de julio podéis coincidir con una fiesta local de "Rapa das Bestias", no fue nuestro caso. 




 
Tras Vimianzo nos dirigimos a Muxía, donde fuimos directamente a visitar el Santuario de la Virgen de Barca. Es un lugar precioso, con un sobrecogedor entorno rocoso que rodea el edificio. Algunas de las rocas tienen  leyendas asociadas,  merece la pena entretenerse en descubrirlas y descifrarlas. 


En nuestro camino desde Muxía hacia Camariñas pasamos por una zona en la que paramos, ya que nos llamó la atención por lo bonita que era, es la localidad Porto de Cereixo, situada al final de una ría y con un enclave muy pintoresco. Paramos a dar un paseo por unas pasarelas de madera que llegan hasta un Pazo, las Torres de Cereixo, que son bastante imponentes, con una imagen de castillo. Desafortunadamente es un edificio privado y no se puede visitar, pero la zona es bonita y merece una pequeña parada, destaca también la iglesia de la localidad, del siglo XII.  



 
Llegamos después a Camariñas, donde paramos a comer en la zona del puerto, para después visitar el  cercano cabo Vilán. Camariñas es un pintoresco pueblo de pescadores, famoso por los encajes de bolillos. Tras esta visita nos paramos en una playa que habíamos visto desde la carretera y que nos había llamado la atención por su belleza, es la playa de Ariño. Es un paraje natural muy bonito, en el que hay también un merendero. 





 
Después de estas visitas, aún nos queda tiempo para pasar un rato en la playa de Laxe. Las tardes estivales en Galicia son muy largas, y si el tiempo acompaña, como fue el caso, se puede disfrutar un ratito agradable en la playa, eso sí, el baño solo para los que toleran el agua muy fría. 
 
Al atardecer nos acercamos al faro de Laxe, que sin ser de los más  bonitos de la zona, permite disfrutar de una espectacular puesta de sol. Ya en la noche bajamos a la plaza para disfrutar de la orquesta que amenizaba las fiestas locales.  
 

 Día 3 · –  Playa de los Cristales → Pazo Torres do Allo → Dolmen de Dombate → Castro de Borneiro → Playa de Traba 

 
Nuestro tercer día lo vamos a dedicar a visitar el patrimonio arqueológico gallego de la zona, tal como teníamos previsto. 
 
Previo a esto hacemos una pequeña parada en una cala en Laxe. Habíamos visto en internet que  había una pequeña cala llamada la playa de los cristales, nos llamó la atención y nos acercamos. La verdad es que me decepcionó bastante, no es muy bonita, los cristales son escasos y solo en colores verde y marrón (se formaron por los desechos de una antigua envasadora, al redondear el mar los fragmentos). Además el acceso es complicado, ya que está junto al cementerio de Laxe, en una carretera con tráfico restringido, solo para residentes. Prescindible sin duda. 
 
Tras esta decepcionante parada seguimos el orden del día, visitando el Pazo de Torres do Allo. Es este uno de los pazos más antiguos de Galicia, remontándose su construcción a finales del siglo XV. Aunque el edificio es bastante bonito por fuera, con un balcón que haría las delicias de cualquier Julieta, por dentro no tiene mucho encanto, ya que está panelado para campamentos juveniles y visitas de colegios. Merece la pena destacar la carretera de acceso con los árboles entrelazados que tiene un cierto parecido con la famosa Dark Hedges, de Irlanda del Norte. Desde Torres do Allo hay pocos kilómetros para llegar a nuestro siguiente destino, el Dolmen de Dombate. 



 
Es este uno de los monumentos más importantes del arte megalítico de Galicia. Datado entre el 3000 y el 2500 a.c, su belleza y buen estado de conservación lo ha llevado a ser considerado la Catedral del Megalitismo Gallego. Se ha construido a su lado un centro de interpretación donde se puede visitar el interior de una réplica y admirar sus peculiares pinturas, ya que el monumento real solo es posible admirarlo desde fuera.  

 



En el Dolmen de Dombate hacen visitas guiadas gratuitas, tanto en gallego como en castellano, y merece la pena porque te explican muchas cosas de este peculiar monumento que de otra forma te perderías. Nosotros llegamos a una hora en la que la visita era en gallego, pero se entendía perfectamente. 
 
Tras el Dolmen, visitamos el cercano Castro de Borneiro, en este caso en visita libre.  Este conjunto se compone de varias decenas de viviendas circulares, situadas en un recinto amurallado, y una cantidad menor de edificaciones auxiliares exteriores. Se cree que estaba habitado hacia el año 145 a. de C. El entorno es muy bonito y antes de las escaleras de acceso hay un merendero al lado del río. 
 


 
Tras las visitas culturales nos vamos a dar un homenaje de la gastronomía gallega. Hemos elegido un restaurante cercano,  llamado A Lareira, magnífico sin duda, no es de los sitios más baratos por la zona, pero tiene unas carnes a la brasa impresionantes. Nos comimos un chuletón de ternera de más de un kilo, además de otras  delicias, y el precio medio está entre 30/40 euros por cabeza. 
 
A la vuelta paramos a ver  la magnífica playa de Traba,  y después nos quedamos en la de Laxe para disfrutar del mar. En  la noche aprovechamos  de nuevo las fiestas locales para disfrutar en la verbena de Laxe. 
 

Día 4 ·  – Laxe → Malpica → Faro de Punta Nariga → Betanzos 

 
Nos despedimos de Laxe en esta jornada para poner rumbo a nuestro siguiente destino, una pequeña pedanía cerca de Betanzos,  Queirís. Hemos reservado un free tour por la tarde para conocer Betanzos,  pero antes de llegar vamos a hacer un par de paradas. 
 
La primera es el faro de Punta Nariga, entorno que tenemos el privilegio de recorrer en soledad, ya que llegamos temprano en la mañana. No es un faro muy antiguo, pero es muy bonito, ya que se ha diseñado teniendo en cuenta el entorno. El faro emula la forma de un barco, pero sus materiales se  mimetizan con las rocas de su alrededor, y son unas rocas con unas formas peculiares y llamativas. Sin duda un paisaje precioso. 
 


Tras esta visita pusimos rumbo a Malpica, uno de los puertos pesqueros con más tradición de la Costa da Morte. Aparcamos sin dificultad en la zona del puerto, donde hay bastante espacio, y desde allí comenzamos a recorrer la localidad.

La primera impresión es la de un pueblo que sigue viviendo de cara al mar. Su puerto conserva una actividad constante y la amplia playa de Area Maior ofrece una bonita panorámica del casco urbano. Es cierto que gran parte de las antiguas casas de pescadores han dado paso, con el trascurrir de las décadas, a edificios de viviendas levantados para responder al crecimiento de la población. Esa transformación ha cambiado la imagen tradicional de Malpica, aunque el impacto visual se ha suavizado gracias a las coloridas fachadas que miran hacia la playa y aportan un aire alegre al conjunto.

Pero el verdadero encanto de Malpica no está  en su estampa, sino en su autenticidad. Aquí el mar no es un decorado pensado para el visitante: es el motor de la vida cotidiana. Si tienes la suerte de coincidir con la llegada de la flota pesquera, podrás contemplar el ir y venir de los barcos, la descarga del pescado y el bullicio del puerto, una escena que recuerda que este sigue siendo un pueblo donde el mar marca el ritmo de cada jornada.

Y si hay un lugar que hizo inolvidable nuestra visita, ese fue el restaurante Café de Mar. Allí disfrutamos de algunos de los mejores sabores del viaje, empezando por unos excelentes percebes de la Costa da Morte y terminando con una croqueta de chipirones que todavía hoy recuerdo. Sin exagerar, diría que es la mejor croqueta de chipirones que he probado nunca: cremosa, intensa y con un sabor a mar difícil de olvidar. Solo por sentarse a esa mesa, Malpica ya merece una parada en cualquier ruta por la costa gallega.





Después llegamos a Betanzos, donde recorremos su precioso casco histórico de la mano de nuestro guía que nos habla  de la historia de la localidad y de sus principales monumentos.  Por la noche degustamos la famosa tortilla de Betanzos, que aunque rica me pareció sobrestimada y a un precio turístico total. Hay muchas tascas en los alrededores de la Plaza de los hermanos García Naveira donde la podéis probar. 
 
Betanzos es una ciudad muy monumental, con un casco antiguo en el que aún podemos ver tres de las puertas de acceso por la muralla. El caserío, que conserva su trazado medieval concéntrico, se alza sobre una loma en la que antes hubo  un castro. Las iglesias góticas de San Francisco, Santiago y Santa María del Azogue constituyen un referente del  gótico coruñés.  La iglesia de Santiago es una bella muestra de la transición del románico al gótico, a la que se añade una discreta fachada neomedieval, con cierto aire lombardo. Podemos apreciar una ligera inclinación de su torre que también se capta en las columnas del interior de su nave, es una secuela del terremoto de Lisboa. Otro monumento a destacar es la iglesia de Santa María del Azogue.  En uno de los capiteles de una columna de su nave izquierda podemos ver unos relieves que representan un calendario,  es un capitel gótico del siglo XIV que muestra los meses del año y las labores agrícolas.



 

Día 5 · – A Coruña → Playa de Dexo → Betanzos 

 
El quinto día lo vamos a dedicar a visitar la Coruña. Llegamos directamente con el coche a la Torre de Hércules, nuestra intención es dejar el coche en el aparcamiento gratuito que hay al lado de la Torre, visitar esta y luego bajar en autobús al centro. Pero en temporada alta encontrar un sitio libre en este aparcamiento es complicado, después de un par de vueltas tenemos la suerte de encontrar un hueco, por lo que nos dirigimos a la Torre. Como no habíamos comprado la entrada para subir previamente, no había hasta un par de horas después, y queríamos visitar también el resto de la ciudad, por lo que solo la vimos por fuera. Es bastante impresionante en cualquier caso, y el entorno es muy bonito. Impresiona más cuando sabes que es el faro más antiguo del mundo en funcionamiento, ya que es de origen romano. Aunque se ha remodelado en su exterior, aún presenta elementos romanos reconocibles.



 
Tras la visita a la Torre bajamos en autobús (linea 3A) a las inmediaciones del castillo de San Antón, una fortaleza portuaria, hoy museo arqueológico. Tras esta visita vamos andando hacia la iglesia de Santiago, precioso edificio románico.  Como curiosidad os diré que es el único templo español con tallas de una Virgen embarazada y amamantando al niño. Proseguimos hasta la Plaza del General Azcáraga, donde había un mercado medieval muy animado. Después visitamos la monumental Plaza de María Pita y terminamos admirando las señoriales cristaleras blancas del paseo de la Marina. 


Plaza María Pita. 




 
La intención era pasar la tarde en una de las bonitas playas que hay por la zona, pero el tiempo en Galicia es traicionero, incluso en verano, y el día no invitaba a ir a la playa. Decidimos por tanto volver a nuestro apartamento en Queirís. Allí, al lado del río hay un centro de interpretación de la naturaleza y una preciosa ruta por la orilla del río Mandeo. 




 
 
Ya en la noche nos desplazamos a la cercana localidad costera de Sada, para ir a la playa de Mozarón, ya que mi hija en redes sociales había visto que era posible ver el fenómeno de bioluminiscencia en algunas playas de esta zona. La bioluminiscencia se conoce popularmente como el Mar de Ardora, ocurriendo principalmente en las costas de Galicia (Rías Baixas y Costa da Morte). Este fenómeno brilla con destellos de color azul eléctrico debido al movimiento del agua sobre microorganismos.  Aunque no  tuvimos  la suerte de verlos, lo que sí no encantó fue la playa, a la que se accede por unas escaleras y  nos impresionó por su belleza natural.  Esta playa solo es accesible con marea baja, ya que con marea alta está totalmente cubierta. 


 

Día 6 · – Fragas do Eume → Monasterio de Caaveiro → Pontedeume → Pazo de Mariñán  

 
El plan de hoy de visitar las Fragas de Eume, un bonito bosque autóctono gallego, en cuyo interior se encuentran las ruinas de un monasterio, el monasterio de Caabeiro, del siglo X. 




 
La carretera de acceso al monasterio se encuentra cortada en  temporada alta. En años anteriores se ha habilitado un autobús lanzadera desde el centro de visitantes, pero este año no, por lo que la única forma de llegar es recorrer a pie los siete km de ida, y siete de vuelta. Nosotros lo hicimos, pero, aunque el bosque es bonito, el recorrido es todo el rato por carretera y creo que no merece la pena. Dedicamos casi seis horas a lo que iba a ser una visita mucho más corta. En caso de que os decidáis a visitarlo no podéis dejar pasar un pequeño molino que se encuentra al final de un camino entre el acceso desde el bar hasta el monasterio, en este rincón, hay una bonita cascada y un puente. Si tuviera que pensar en un bosque gallego este sería el rincón de mi imaginación. 
 
 
Después hicimos una corta parada en la bonita localidad de Pontedeume, tiene una coqueta plaza, aunque totalmente tomada por las sombrillas de restaurantes y cafeterías. Destaca también el imponente Torreón de los Andrade y las bonitas vistas sobre la ría. 




Mi idea inicial era visitar el Pazo de Meirás, situado a pocos kilómetros de allí, pero las plazas para recorrerlo suelen agotarse con bastante antelación y, en esta ocasión, no llegué a tiempo para conseguir una reserva. Como alternativa, opté por el Pazo de Mariñán, una visita mucho más sencilla de organizar y que terminó convirtiéndose en una agradable sorpresa.

Este elegante pazo, cuyos orígenes se remontan al siglo XV y que alcanzó su aspecto actual tras las reformas de los siglos XVII y XVIII, fue durante siglos la residencia de una influyente familia nobiliaria gallega. Hoy pertenece a la Diputación de A Coruña y abre sus puertas al público mediante visitas guiadas gratuitas. Recorrer sus salones permite descubrir mobiliario histórico, tapices, pinturas y otros elementos que evocan el esplendor de la aristocracia gallega, mientras que el exterior invita a pasear sin prisas entre jardines de inspiración francesa, árboles centenarios y una privilegiada terraza natural con vistas a la ría de Betanzos. Una visita tranquila y muy recomendable para quienes disfrutan de la historia, la arquitectura y los rincones con encanto.





 

Día 7 ·  – Betanzos → San Andrés de Teixido → Cedeira → Cabo Ortegal → Foz  

 
Dejamos atrás Betanzos para poner rumbo a la Mariña Lucense, una de las etapas que más ilusión me hacía del viaje. Antes de llegar, hicimos una parada en uno de los lugares más singulares de Galicia: la pequeña aldea de San Andrés de Teixido, encaramada sobre los acantilados de la sierra da Capelada.

Este santuario es conocido por una de las leyendas más populares de la tradición gallega: «A San Andrés de Teixido vai de morto quen non foi de vivo». Es decir, quien no peregrine hasta aquí en vida tendrá que hacerlo después de muerto. Por si acaso, preferimos adelantarnos y ahorrarle semejante viaje a nuestros espíritus.

La carretera que asciende hasta la aldea ya merece por sí sola el desvío. Antes de llegar hay varios miradores desde los que se contemplan algunos de los paisajes más espectaculares de la costa gallega, con los abruptos acantilados de la sierra da Capelada precipitándose sobre el Atlántico. Un magnífico anticipo de lo que nos esperaba en los siguientes días de ruta.




 
Paramos después a visitar la cercana localidad de Cereida, en la que también aprovechamos para comer. Y posteriormente nos dirigimos a Faro de Cabo Ortegal, conocido por ser el lugar que marca la frontera entre el Mar Cantábrico y el Océano Atlántico. 



Para llegar al faro de Cabo Ortegal se pasa por una localidad llamada Cariño. Independientemente de lo llamativo del nombre, el pueblo es muy bonito, y merece la pena una pequeña parada para visitarlo. Si no disponéis de tiempo,  al menos admiradlo desde la carretera que baja de vuelta del faro, porque tiene una imagen muy pintoresca, con sus casitas de colores al borde del acantilado. 





Después llegamos a Foz, donde hemos alquilado un apartamento cerca del puerto, el resto del día lo dedicamos a conocer la localidad. En ella, además de la plaza de la iglesia, el paseo marítimo y la playa, destaca la Basílica de San Martiño de Mondoñedo, situada a las afueras de la localidad. Iglesia construida en los ss. XI-XII sobre un antiguo templo prerrománico del s. X.   




 

Día 8 ·  –  Fuciño do Porco → Estaca de Bares → Puerto de Bares → O Barqueiro → Playa de Esteiro → Viveiro  
 

Este es probablemente el día que paisajísticamente más me ha gustado de todo el viaje. Comenzamos la jornada en la Punta de Fuciño do Porco, uno de los lugares más fotografiados de esta costa. Aunque el acceso es gratuito, durante el verano es imprescindible reservar con antelación, ya que el número de visitantes diarios está limitado para proteger el entorno natural. El recorrido, de unos tres kilómetros entre ida y vuelta, discurre por una pasarela y una sucesión de escaleras de madera que serpentean sobre el acantilado hasta alcanzar un espectacular mirador sobre el mar. Las vistas son sencillamente impresionantes y, aunque hay que salvar unos cuantos escalones, el esfuerzo queda más que recompensado. Sin duda, una de esas visitas que justifican por sí solas un viaje a la Mariña Lucense.




La ruta se recorre con tranquilidad en aproximadamente una hora. Desde allí continuamos hasta el faro de Estaca de Bares, un lugar muy especial por encontrarse en el punto más septentrional de la península ibérica, donde el mar Cantábrico y el océano Atlántico parecen darse la mano. Las vistas desde este extremo de Galicia son magníficas y transmiten esa sensación de estar en el fin de la tierra.

Apenas unos minutos más abajo se encuentra el pequeño puerto de Bares, uno de esos rincones que aparecen casi por sorpresa y terminan convirtiéndose en uno de los grandes recuerdos del viaje. Su diminuta playa salpicada de barcas de colores, las modestas casas marineras y el ambiente tranquilo crean una estampa de enorme belleza. Además, conserva uno de sus mayores tesoros: un impresionante espigón ciclópeo cuya construcción se atribuye, según distintas teorías, a época fenicia o romana, una obra de ingeniería que lleva siglos protegiendo el abrigo natural del puerto y que añade un atractivo histórico a un lugar ya de por sí fascinante.

Para completar la visita, no pudimos elegir mejor sitio donde comer. En el restaurante Muller Mariña disfrutamos de una excelente cocina marinera elaborada con producto fresco y de una sobremesa con vistas que hizo todavía más especial la parada. De esos lugares que uno recomienda sin dudar y a los que volvería encantada.





 
Posteriormente nos fuimos al puerto de Barqueiro, otra preciosidad de sitio. La tarde la pasamos en la cercana playa de Esteiro, un magnífico arenal en el que es posible alquilar equipo para hacer surf. Como mi hija tenía interés en hacerlo, nos quedamos aquí.  La intención era visitar Viveiro a la vuelta, pero después de una tarde en la playa, llenos de arena, lo que menos apetece es una visita cultural, así que volvimos a Foz. 
 





Si tenéis oportunidad os recomiendo visitar el casco antiguo de esta localidad, al que se accede por una puerta amurallada que veréis desde la carretera.  
 
 
Día 9 ·  – Foz → Playa de las Catedrales → Taramundi → Os Teixois → Foz  
 
Penúltimo día y estamos parando a apenas veinte minutos en coche de la Playa de las Catedrales.  A pesar de que sabemos que va a ser un destino muy popular, no nos podemos ir sin pasar. Habíamos reservado la visita, ya que en verano es imprescindible hacerlo. Habíamos comprobado la hora de las mareas, que ese día tenía la bajamar a las 10.38 de la mañana, así que nos dirigimos hacia allí y llegamos algo antes de las 10. Había bastante gente pero no las colas que habíamos visto en redes sociales. 




 
La playa de las Catedrales es impresionante, pero el problema es que solo es accesible con marea baja, unas cuatro o cinco horas al día, y además hay un tramo en el que hay que pasar atravesando un montículo de rocas, para llegar al famoso arco, y ahí es donde se forma el tapón, porque es una zona por la que has de pasar tanto al salir como al entrar. En el resto de la playa hay gente, pero al ser tan grande no hay agobio. En este punto sí, nosotros tuvimos suerte y al llegar antes de las 10 no había mucha gente para pasar, además si vas con el calzado  adecuado para mojarte puedes pasar por la parte donde hay agua y ahorrarte la cola. Cuando fuimos a salir había una cola impresionante para pasar por este punto. 
 
Tras la playa de las Catedrales nos fuimos a Taramundi, es un pueblo bonito, pero no cumplió mis expectativas.  Sí lo hizo el cercano enclave de os Teixois, muy bien conservado. El caserío  dista unos 4 km de la villa de Taramundi y, además de mostrar su arquitectura tradicional plasmada en sus casas y construcciones auxiliares, posee un importante conjunto de ingenios hidráulicos: mazo, rueda de afilar, una pequeña central eléctrica, molino hidráulico y un batán, todas ellas en sorprendente buen estado de funcionamiento. Hay visitas guiadas de este conjunto de ingenios hidráulicos. Sin duda constituye un precioso conjunto etnográfico, además de contar con un magnífico restaurante, El Mazo, los cachopos quitaban el aliento. 





Como la visita a Taramundi fue más corta de lo esperado, nos quedó tiempo para visitar la monumental localidad de Mondoñedo, con su preciosa plaza y el impresionante edificio de la catedral. En esta localidad merece mucho la pena también acercarse al peculiar barrio de dos Muiños. En este barrio se encuentra también el Puente del Pasatiempo, llamado así por una leyenda. Cuenta esta que estando un noble en prisión en la localidad, su esposa se desplazó para conseguir un indulto de los Reyes Católicos, logrando su objetivo, pero a la vuelta a Mondoñedo, los enemigos de su marido la  entretuvieron en el puente, no logrando esta llegar a tiempo para evitar su ejecución.  



Como llegamos a Mondoñedo a la hora del café, no nos resistimos a probar la famosa tarta Mondoñedo. 

 

Día 10 · – Foz→ Alcalá de Henares.

 
Nos despedimos de Galicia y ponemos rumbo a nuestra localidad de origen. Viendo como sube la temperatura de nuestro coche a cada kilómetro que nos alejamos de esta maravillosa costa. Ai, Galicia...aínda nin sequera marchei e xa te boto de menos.  
 
 
 

martes, 24 de marzo de 2026

Qué ver en las Merindades de Burgos en tres días.


Las Merindades es una preciosa zona en la parte norte de la provincia de Burgos. Es una comarca que mezcla una naturaleza apabullante, donde el agua es la protagonista y pintorescos pueblos con encantadoras ermitas románicas, preciosos cascos históricos y una rica gastronomía que te ayudará a reponer las calorías gastadas en sus rutas. 

Para recorrer y disfrutar esta zona vas a necesitar hacerlo en coche, ya que la mayoría son destinos rurales inaccesibles de otra manera, pero una vez allí puedes adaptar el viaje a tu gusto, un road trip visitando los puntos más destacados o un viaje tranquilo realizando rutas por la naturaleza. Nosotros disponíamos de tres días, tiempo más que suficiente para conocer los puntos más destacados, aunque sin profundizar en rutas largas. 

Para nuestro viaje elegimos un coqueto hotel rural en la pequeña pedanía de Cadiñanos, el hotel rural Don Baldomero. Cadiñanos está  muy bien situado para conocer la zona, pero no es  apto para los que busquen un lugar para salir por la noche, ya que la pequeña localidad no tiene bar. Si lo que os gusta es un lugar bien situado, que sea punto  de partida para recorrer toda la zona y con algo de ambiente nocturno, os recomiendo la localidad de Medina de Pomar. 

Nuestra llegada a Cadiñanos fue ya al atardecer, por lo que nos limitamos a visitar la vecina localidad de Pedrosa de Tobalina para ver la bonita cascada del Peñón.



 Después nos fuimos a cenar  al precioso pueblo de Oña. A estas horas el Monasterio de  San Salvador de Oña ya estaba cerrado, por lo que solo pudimos verlo por fuera. También destaca en la localidad la iglesia de San Juan, con su bonita portada románica y la Torre adjunta de San Juan, que alberga un museo  etnográfico en su interior.

En el recorrido en coche entre Trespaderme (localidad más cercana a nuestro hotel, con servicios de hostelería, bares, restaurantes...) y Oña, recorremos las hoces del Ebro, una bonita carretera que tiene también habilitada una senda al otro lado del río para recorrer andando o en bicicleta y poder así disfrutar de este bonito paisaje en todo su esplendor. 

Nuestra segunda jornada nos va a llevar a algunos de los lugares más conocidos y espectaculares de las merindades, esos que te encuentras en casi todos los folletos porque simplemente son un imprescindible. 

Ruta Ojo Guareña, Puentedey, Orbaneja del Castillo. 

Este es el orden en el que nosotros realizamos esta ruta, dado que era la más óptima desde nuestro alojamiento. Si vosotros vais a recorrer estos puntos, tenéis que adaptar la ruta a la actividad que vais a realizar en Ojo Guareña, dado que en esta zona hay muchas opciones y es la que más tiempo os puede llevar. 

Ojo Guareña, además de ser un lugar rodeado de una naturaleza impresionante, es también un monumento natural compuesto por una preciosa ermita y cientos de km de galerías excavadas en la montaña por el rio Guareña a lo largo de miles de años. 



Hay varias modalidades de visita.  Se puede visitar solo la ermita y unos 400 metros de las galerías, en modalidad de visita guiada, que os llevará una hora, o se puede hacer una actividad de espeleoturismo, bien con la visita de dos horas y media a la cueva Palomera o de cuatro horas.  Ambas visitas se realizan en grupos reducidos y con un solo pase al día cada una, por lo que os recomiendo consultar los horarios y requisitos en la página oficial de Ojo Guareña, www.cuevaojoguarena. También es interesante bajar desde la ermita al sumidero del Guareña, lugar donde el río del mismo nombre es tragado por la tierra donde, incansable, sigue excavando más niveles de galerías. 

Desde Ojo Guareña nos vamos a la cercana localidad de Puentedey. Unos kilómetros antes de llegar hay un pequeño salto de agua, cascada de la Mea,  a la que se llega en una corta ruta desde la carretera (200 metros) que merece la pena si vais en época en la que haya llovido bastante, de otra forma estará seca. Ya en Puentedey,  tras aparcar en el lugar habilitado a la entrada del pueblo, cruzamos el puente sobre el río y vemos la que es la imagen más conocida de este pueblo, y entendemos su nombre. 



No os quedéis solo con esta imagen y recorred sus calles, porque tiene rincones con mucho encanto. Allí aprovechamos para comer en el bar "La montañesa" y nos encantaron especialmente sus alubias y su paté de queso de Burgos. 

Tras visitar Puentedey nos dirigimos a la localidad de Orbaneja del Castillo, con una pequeña parada en la muy cercana Escalada, un pequeño pueblo a pie de carretera con una plaza llena de preciosas casas blasonadas. Desde esta localidad hay una pequeña ruta de 5 km siguiendo el curso del rio Ebro hacia Orbaneja que podéis hacer si vuestro tiempo os lo permite. En nuestro caso proseguimos hasta Orbaneja en coche esa corta distancia y aparcamos en una zona habilitada al lado de la carretera. Orbaneja es uno de los pueblos más populares y visitados de esta zona, por su belleza y la espectacularidad de su cascada que atraviesa el pueblo. Esto hace que haya bastante gente visitándolo los fines de semana y en verano. Si lo que quieres es tranquilidad y poca gente debes optar por ir entre semana. Yo lo hice así la primera vez que lo visité y lo disfruté mucho, en esta ocasión, al ser un viaje de fin de semana no fue posible, aún así, al llegar por la tarde y después de comer había bastante sitio para aparcar, incluso en el parking más cercano al pueblo. 


Después de disfrutar con la vista de Orbaneja desde la carretera, subimos a recorrer el pueblo, también entramos a ver la cueva del agua, visita que no nos pareció nada interesante. Sí me parece interesante la subida al corto paseo por la ladera de la montaña que permite ver el pueblo desde arriba y las curiosas formaciones rocosas que lo rodean. 

Para volver a nuestro hotel desde Orbaneja vamos a volver a pasar por la localidad de Medina de Pomar, donde tenemos pensado parar para ver su casco histórico. En nuestro camino, a través del valle de Manzanedo, paramos en las ruinas del monasterio de Santa María de Rioseco y la bonita ermita románica de San Miguel, en el pueblo San Miguel de Cornezuelo. 

Medina de Pomar, con casi 6000 habitantes,  es la urbe más poblada de Las Merindades. Situada a orillas del río Trueba y con muchas zonas verdes, esta localidad con nombre árabe y romano (Medina significa «Ciudad» y Pomar, «Lugar de manzanos») tiene una vidilla mucho más animada que el resto de pueblos vecinos.  Es una localidad con un casco antiguo muy coqueto y una vida cultural muy interesante. Encontramos una exposición de bonitos cuadros en la calle y un buen puñado de cafeterías con exposiciones literarias o pictóricas. El monumento más destacado son las Torres de los Velasco o Alcázar, en cuyo interior hay un museo histórico. Destaca también la iglesia de la Santa Cruz, enclavada en un pasaje que lleva el mismo nombre, y la calle Mayor, que termina en uno de los arcos que enmarcan el antiguo centro medieval. 


Con esta visita terminamos esta interesante jornada y nos retiramos a descansar a nuestro pequeño rincón de las Merindades. 

Nuestro siguiente día comienza recorriendo los algo más de cuarenta kilómetros que nos separan del parque natural de Monte Santiago, donde hay uno de los miradores para ver el Salto del Nervión. Esta la cascada más alta de España, con una caída de 300 metros, pero es un cascada muy efímera, solo aparece cuando la abundancia de lluvias hace desbordarse el curso subterráneo del Nervión, y dura apenas una semana desde entonces, por lo que es complicado verla. Nosotros no tuvimos la suerte de que fuera el momento óptimo para verla, a pesar de esto, la espectacularidad del paisaje y el bonito bosque que da acceso al mirador hace que merezca la pena la visita si estáis por la zona. El recorrido es de unos dos kilómetros de ida y otro tanto de vuelta desde el último aparcamiento habilitado, el que hay al lado de la casita del parque.


 Nosotros llegamos temprano y no tuvimos problema para aparcar aquí, supongo que en los momentos en los que la cascada está en pleno apogeo, será más complicado. Hay otros dos lugares habilitados a un poco más de distancia. 

Tras la visita, vamos a poner rumbo a la localidad de Santa Gadea del Cid, un bonito pueblo con un pequeño casco histórico muy cuidado con la típica arquitectura rural burgalesa de entramados de madera. Destaca también la bonita ermita románica que hay a la entrada del pueblo. 


Tras esta visita, recorremos la espectacular carretera que acompaña al río Ebro a su paso por del desfiladero del Sobrón. Vamos siguiendo el curso del río atravesando las montañas por los bonitos túneles excavados para permitir el paso de la carretera, disfrutando de las bonitas vistas del río y del embalse del Sobrón. Nos llama la atención al pasar un lugar con un bonito embarcadero y un restaurante, con una pinta estupenda, pero como nuestra intención es llegar a Frías a la hora de la comida, no paramos. 

Llegamos a Frías y dejamos el coche en el parking habilitado a los pies del casco antiguo, para desde allí recorrer este. Frías en uno de los sitios más turísticos de la zona, por lo que es recomendable reservar para comer los fines de semana en primavera y verano. Nosotros queríamos comer en el restaurante Ortiz, con muy buenas valoraciones. No hacen reserva telefónica, solo directamente en el restaurante, por lo que nada más llegar reservamos una mesa. Después subimos a ver el castillo, con unas preciosas vistas sobre el pueblo y recorrimos sus bonitas calles. 


La comida en el restaurante Ortiz no nos decepcionó, y ya saciados, nos ponemos de nuevo en la carretera para recorrer los pocos kilómetros que nos separan de Tobera. Es este un pequeño pueblecito con un rincón encantador, la ermita de la Virgen de Hoz, imagen de postal con su puente románico, la ermita y la montaña que la enmarca. 



Desde este punto hay un corta ruta, la ruta de las cascadas de la Molinera que baja hasta el pueblo y que va siguiendo el curso del rio Molinero para ver dos bonitas cascadas.  En el pueblo de Tobera encontramos un encantador restaurante/cafetería con una terraza desde la que disfrutar de una de las cascadas, un sitio ideal para tomar un café disfrutando del sonido del agua y una vista preciosa, es el restaurante Entre Pozas. 

Tomamos de nuevo la carretera dirección Frías y seguimos hasta llegar al Puente Medieval. Salvando el paso sobre el río Ebro se levanta este impresionante puente medieval fortificado, sobre el que descansa una torre que históricamente sirvió para el control de paso y el cobro del impuesto de portazgo. Este puente era paso obligado entre la Meseta y la Rioja con el Cantábrico.



El puente de 143 metros de largo, se levanta sobre el Ebro gracias a sus nueve arcos sobre los que discurre la calzada romana. Es uno de los mejores ejemplos de puente fortificado de España.  A sus pies hay una bonita zona recreativa.

Desde este punto sale una pequeña carretera que en un par de kilómetros nos lleva hasta el pequeño pueblo de Montejo de San Miguel, con un pequeño, pero coqueto casco histórico donde podemos ver un puñado de casas indianas y casonas blasonadas. 

Desde este punto y en nuestra ruta de vuelta a Cadiñanos, pasamos por el pueblo de Santocildes, donde han instalado un columpio gigante, que no es que tenga unas vistas muy destacables, pero en el que paramos porque pasamos al lado. También paramos a un par de kilómetros, en la localidad de Lomana, para ver el Castillo, o más bien, Torre de Lomana. 


Ya de vuelta da Cadiñanos volvemos a parar en la localidad de Pedrosa de Tobalina, para volver a ver la cascada del Peñón, y porque tiene el bar más cercano a nuestro hotel. 

En nuestra tercera y última jornada vamos a volver a nuestro punto de origen, en la provincia de Jaén, nos espera un viaje de casi siete horas de carretera, pero antes de abandonar las Merindades, vamos a visitar la localidad de Poza de la Sal. Es el lugar de nacimiento de Félix Rodríguez de la Fuente, además de ser conocido por sus salinas, que se explotan desde época romana. Las salinas  tienen su origen en los yacimientos de halita de un volcán dormido sobre el que reposa el pueblo de Poza de la Sal. Tiene este un bonito casco histórico con arquitectura rural castellana de entramados de madera, un castillo desde el que, en los días despejados, hay unas vistas impresionantes y por supuesto la visita a las salinas con su centro de interpretación. 

Nos despedimos de las Merindades rumbo a Canena. En nuestro camino, nuestro navegador nos hace pasar, poco antes de llegar a las inmediaciones de Burgos, por un rincón encantador en el que nos vemos obligados a hacer una última parada, es la ermita de Nuestra Señora del Valle. 

Con esta última y bella parada nos despedimos de tierras burgalesas. 












sábado, 27 de septiembre de 2025

Qué hacer en el Lago Bled y alrededores.



Imagen portada de Eslovenia, el Lago Bled es uno de los rincones  más impresionantes  y turísticos del país. Sin duda la imagen de cualquier campaña promocional, que se vale de su belleza para atraer  visitantes. Se sitúa en la parte norte, cerca de la frontera con Austria, y desde aquí se pueden ver los Alpes Julianos. Es un lago fácilmente reconocible en cualquier imagen al tener una pequeña isla central de la que emerge el campanario de una iglesia. Es la única isla con la que cuenta Eslovenia. 

El lago se puede visitar con una excursión desde Liubliana, hay muchas empresas que las organizan, pero sin duda su potencial es muy superior a lo que vas a poder disfrutar en solo unas horas. Bled merece mucho más que un par de horas, al menos dos días, sino más,  por lo que aquí os vamos a contar cómo podéis disfrutarlo en este tiempo y daros también unas cuantas ideas por si disponéis de más días, porque es un lugar donde la belleza natural, las actividades al aire libre, la aventura y la diversión están garantizadas. 

Nosotros viajamos a Bled desde Liubliana, siguiendo nuestra ruta de 10 días por Eslovenia y la Península croata de Istria, ruta sobre la que hice una entrada anterior que podéis leer aquí.  En coche se tarda poco más de media hora en llegar desde la capital, pero también se llega fácilmente en autobús, ya que la parada de este está prácticamente a unos metros de la orilla y en el lugar donde se encuentra el centro de ocio, restaurantes, hoteles, cafeterías, apartamentos....

Si llegas hasta Bled en coche debo de advertirte que aparcar allí no es nada barato, 4´50 la hora, y además esta tarifa está  vigente todo el día y todos los días, incluidos sábados, domingos y festivos. Por lo que mi consejo es buscar un alojamiento cercano al lago y con parking gratuito, esto fue lo que hicimos nosotros. Así te puedes desentender del coche para visitar el lago y lo tienes disponible para las muchas actividades que se pueden hacer a su alrededor, sin necesidad de preocuparte por el aparcamiento. 

Y aquí os preparo una serie de actividades imprescindibles si vais a visitar la zona del Lago de Bled;


1. Visita al lago y paseo por su orilla. 




Acercarte hasta el agua, apreciar la belleza desde su orilla y pasear por esta. Existe un sendero que te permite recorrer el lago en su totalidad en aproximadamente 6 km. Si no dispones del tiempo o las ganas de hacer el recorrido completo te recomiendo iniciarlo hacia la izquierda, cuando estás mirando el lago,  desde la zona reseñada en google maps como Park ob obali . Así podrás andar más cerca de la orilla y apreciar la belleza del lago con rincones encantadores como el Corazón de Bled, donde tomar una foto de recuerdo. 



Sentarte en un banco a la orilla y apreciar la belleza de la peña sobre la que se erige el castillo de Bled.... Puedes ir andando también en el otro sentido, pero el sendero se eleva sobre la orilla y hay mucho arbolado, por lo que el recorrido por esta zona no te permitirá apreciar el lago salvo en algunos puntos en los que los árboles se abren un poco. 



2. Tomar un bote y remar hasta la isla. 





Hay varios puntos desde los que puedes hacer esto, uno está cerca de la zona que he reseñado antes, pero está alejado de la isla y te obligará a contratar la barca para más tiempo, y se paga por horas. Hay otro embarcadero situado más lejos de la zona central del lago pero más cercano a la isla. Otra opción, si no te apetece remar  es coger un barquito, llamado Pletna, que te lleva por unos 18 euros, que no incluyen la entrada a la iglesia en la isla. Te deja 40 minutos para visitar la isla y te trae de nuevo a la orilla. 


3. Disfrutar una vista panorámica del Lago desde arriba.

 




Es desde arriba desde donde mejor se aprecia la belleza de este y desde se puede tomar la icónica foto con la isla central, ya que desde la orilla la imagen de la isla se fusiona con la otra orilla y no se aprecia su carácter insular. 

Esto lo puedes hacer gratis, buscando una colina cercana al lago y subiendo a esta o lo puedes hacer pagando la entrada del Castillo de Bled y tomando la foto desde su patio. En los alrededores del castillo hay miradores, pero debido a la posición de la isla y a los árboles, no es posible apreciar esta. Solo desde dentro del castillo es posible. 


4. Visitar el Castillo de Bled. 




Como ya he dicho antes, solo desde su patio se puede apreciar la bonita imagen panorámica del lago. Además el castillo es bonito, no espectacular pero puede merecer la pena la visita, si lo comparamos por ejemplo con el castillo de Liubliana que no nos lo pareció. 

La visita al castillo os llevará una hora u hora y media, si vais con mucha tranquilidad y os tomáis vuestro tiempo para disfrutar las vistas, se puede alargar más si os detenéis en su cafetería para disfrutar aún más las vistas. 

Para acceder se puede subir andando desde el lago, con una empinada caminata, o subir en coche y dejarlo en el parking que hay justo a sus puertas, con un coste de 3 euros la hora. 



5. Darse un baño en el lago. 




La verdad es que con el calorcito del verano es algo que realmente apetece, ya que sus aguas están transparentes. Hay zonas habilitadas para el baño bajo pago, algo así como zonas acotadas, con algunos servicios, trampolines, baños.... pero que tendrás que pagar. Están también cerca del núcleo central de edificios del lago, donde se encuentran la mayoría de las instalaciones turísticas, por lo que si no quieres coger el coche es buena opción. Hay también posibilidad de bañarte fuera de estas zonas de forma gratuita, cerca del embarcadero que os he indicado antes, el que estaba más cerca de la isla central. Desde este embarcadero también ofrecen alquiler de Kayaks..... se llega siguiendo estas indicaciones de google  maps Mirador a la iglesia.



6. Descender por una colina como en una montaña rusa. 





Hay un parque de aventuras cerca de Bled que te sube en telesilla a lo alto de la colina Straza Bled, para luego bajar a gran velocidad por una especie de raíl. Una actividad donde se combinan las bonitas vistas panorámicas del lago, el castillo y los Alpes Julianos desde arriba de la colina, con la descarga de adrenalina de la bajada. Sin duda una actividad interesante si vas con adolescentes o adultos jóvenes, ya que es muy emocionante. Para llegar hay que seguir las indicaciones de google maps hacia Straza Bled.



7. Realizar la ruta de la Garganta Vintgar. 





Es una ruta espectacular, imprescindible si estás por la zona. Se recorre siguiendo el curso de un bonito río que ruge cruzando una cerrada garganta sobre la que han construido unas pasarelas de madera para poder atravesarla. Recomiendo comprar las entradas con antelación, ya que es una ruta muy visitada. Además no es posible comprarlas en el inicio de la ruta. Yo las compré online la noche anterior. 

Hay un aparcamiento gratuito a las afueras de Bled, bien señalizado, desde el que sale un autobús de enlace, también gratuito,  que te lleva al inicio de ruta. Hay que estar en el aparcamiento más de media hora antes de la hora de tu entrada, ya que el autobús pasa cada 20 minutos y tarda otros 20 en llegar a la garganta. En este aparcamiento hay una caseta donde también puedes comprar la entrada, pero es mejor llevarla ya para asegurarse. En la garganta hay otro parking pero es de pago y con poca capacidad. Para llegar al aparcamiento de salida del autobús gratuito de la ruta hay que seguir las indicaciones de google maps Vintgar Gorge Central parking.

La ruta recorre durante un kilómetro y medio la impresionante garganta, tras lo cual hay que elegir entre dos rutas, una de unos cuatro kilómetros y algo exigente y otra de cinco y medio pero con menor dificultad para volver al aparcamiento. Está bien explicado en la página oficial, donde también se compran las entradas. 

Si has llegado a Bled en autobús, desde la parada central de autobuses de Bled también sale un autobús que te llevará al punto de inicio de la ruta. 



8. Visitar el cercano lago Bohinj.





Está muy cerca del Lago Bled, se llega en coche en menos de media hora y es una auténtica preciosidad, encajonado entre las montañas y mucho menos explotado turísticamente que Bled, más natural y auténtico. Tiene muchas playitas en su orilla donde podrás darte un baño en sus cristalinas aguas. También hay empresas de alquiler de Kayaks por si quieres disfrutar el lago desde dentro, y algunos embarcaderos desde donde salen barquitos colectivos que te permiten hacer una ruta desde dentro del lago sin remar. 

Cerca de este sale también la corta ruta que te llevará a la cascada Savica, que nosotros no visitamos por falta de tiempo, ya que preferimos disfrutar todo el rato de la orilla del lago y de las actividades que este ofrece. 



9. Probar la gastronomía de la región. 




La gastronomía de Bled puede presumir de estar entre las más deliciosas del país, no así entre las más asequibles, ya que es una de las zonas más turísticas. Pero puedes encontrar lugares donde comer bien a buen precio. Entre lo más destacado está probar las truchas del lago y por supuesto el famoso dulce típico del lago Bled, el kremšnita, es una tarta de crema que consiste en capas de hojaldre, crema de vainilla y crema batida.