lunes, 11 de marzo de 2019

Escapada a Tánger.

Nuestro viaje a Tánger nació inspirado en una novela, " Niebla en Tánger" de Cristina López Barrio. De esta novela obtuve también la inspiración para buscar mi hotel en esta ciudad,  y es que la autora menciona en sus notas que se inspiró en él para recrear la casa de Marina, una de las protagonistas. Me pica la curiosidad y lo  busco en internet, es amor a primera vista. Esto, más mis ganas de conocer Marruecos, me deciden a organizar el viaje. El hotel es Mimi Calpe, y en palabras de Cristina López Barrio, "Es un pequeño hotel cercano al puerto. Una casa afrancesada. Escaleras de piedra que ascienden hasta un jardín antiguo, impresiona su belleza, un vergel en la calle bulliciosa, una alberca que se empasta con el paisaje, vistas al Estrecho. Mimi Calpe es su nombre."



He de decir, después de alojarme en él, que ha cumplido mis expectativas. Es cierto que necesita un poco de rehabilitación,  pero ese aire decadente aumenta su encanto. Cada habitación tiene una decoración y un nombre diferente, la nuestra era la habitación Kasbah y por su orientación hacia el jardín no se oía ningún ruido de la calle. Mis amigos me han comentado que desde la suya, si se oía un poco esta, aunque nada que impida descansar. 

Viajamos desde Madrid, así que lo hacemos en avión. Volamos con Ryanair,  quien a pesar del encarecimiento en los últimos tiempos por sus nuevas tarifas de equipaje, sigue siendo una opción muy barata. En nuestro caso, comprando los billetes con tres meses de antelación, el coste fue de unos 50 euros ida y vuelta, con embarque prioritario, ya que de otra forma solo puedes subir a bordo una maleta muy pequeña. Al llegar al aeropuerto de Tánger  y antes de pasar el control de pasaporte, hay que rellenar un pequeño formulario, una hojita blanca que se encuentra en unos expositores, os aconsejo llevar un bolígrafo, ya que no hay ninguno disponible.

Una vez pasado este trámite salimos a la calle para buscar un taxi que nos lleve al hotel. No hay autobuses, así que es la única opción. En Tánger hay dos tipos de taxis, los grantaxi que son de color naranja y son los que hacen los desplazamientos desde el aeropuerto y fuera de Tánger, y los petit Taxi, de color azul, para moverse por el interior de la ciudad. En el aeropuerto hay unos carteles que marcan las tarifas del taxi entre el aeropuerto y los distintos puntos de Tánger. Según estas tarifas el precio del taxi entre el aeropuerto y el centro de Tánger es de 100 dirham en horario diurno y de 150 dirham en noches y festivos. Nos dirigimos pues a la fila de taxis y preguntamos cuanto cuesta un taxi al centro de Tánger, en nuestro caso al puerto de Tánger Ville, nos dicen que 150 dirham, es de día y laborable. Les insistimos en el precio que marca el cartel pero dan excusas diciendo que eso es a la estación y no al puerto,  hemos salido de los últimos. así que  no hay muchos taxis esperando. por lo  que ya imaginamos que tenemos pocas opciones de regatear el precio, y pocas ganas también de discutir nada más llegar, como somos cuatro personas  aceptamos el precio y salimos hacia el hotel. 

A nuestra llegada al hotel nos recibió su encargado, Otman, quién nos invitó a un té de bienvenida, que mejor recibimiento que disfrutar de nuestro primer té de hierbabuena en este maravilloso marco. 


Tras el té y dejar el equipaje comenzamos nuestra andadura por Tánger. El hotel está muy cerca del puerto y de la medina, por lo que comenzamos nuestra visita por este punto. Nada más tomar la calle del puerto vemos la muralla portuguesa, construida en el siglo XV, que protegía Tánger. Vemos también una de las mezquitas más grandes de la ciudad, la situada en el puerto, una pena que solo se puedan visitar por fuera. Por encima de las murallas vemos el icónico hotel Continental, tan famoso en el Tánger de los años 30 y 50 y que tantas figuras famosas alojó.



Accedemos a la medina por uno de los arcos que se abren hacia el puerto y comenzamos a callejear, zigzagueando para disfrutar de sus callejuelas frenéticas con la vida de los comerciantes y los artesanos. Cualquier pequeño rincón es una barbería, una zapatería o una carpintería. Nuestro rumbo es al azar, pero en sentido ascendente, ya que el objetivo es llegar a la Kasba, la fortaleza situada encima de la medina. Nos habían advertido sobre los araña-guía, que se te pegan con la excusa de enseñarte la medina y la kasba,  de los que es difícil desprenderse sin ponerse borde. En nuestro caso, quizás al comenzar la visita por la tarde, no tuvimos ese problema. 



Entramos a la Kasba, donde destaca el palacio de Dar el Makhzen, que construyó el Sultán Moulay Ismail, el palacio de Dar Chorfa y la antigua prisión construida en el reinado de Mouley Ismail. El palacio de Dar el Makhzen es hoy un museo  que acoge una amplia muestra de la producción artesana local, regional y nacional marroquí a lo largo de diversas épocas. A las espaldas del museo se encuentra el Café Detroit, el primer café de Tánger y lugar frecuentado por muchas celebridades a lo largo de su historia. Es un palacio con unas salas muy bonitas y una terraza donde se puede disfrutar unas preciosas vistas. Decidimos tomarnos un té en esta terraza con unos dulces típicos marroquies.



La tarde está amenizada por unos músicos que interpretan música popular marroquí. El té es un poco caro para los precios locales, pero merece totalmente la pena permitirse este pequeño "lujo". En realidad el té y las pastas nos costaron 40 dirham por cabeza, que vienen a ser cuatro euros. Como curiosidad os diré que el nombre Detroit significa Estrecho en francés. En nuestra ignorancia sobre esa lengua no encontrábamos la razón del por qué tantas cosas en Tánger tienen ese nombre, ya que lo asociábamos erróneamente con la ciudad americana, que también debe su nombre a un estrecho del rio Detroit, pero claro con el Estrecho si que vemos la relación de Tánger. 

Después de disfrutar un rato del té, los dulces y las vistas, salimos de la kasba por otra puerta para tomar la calle  Kasba, que nos conducirá, tras pasar por delante del cine Alcazar hoy en ruinas, a una bulliciosa plaza con un montículo en su centro que es un viejo cementerio alemán. Desde aquí, subiendo  por la calle Italia se llega a la Plaza 9 de Abril, o como más se le conoce en Tánger, el gran Zoco. Esta es la plaza comercial donde acudían los habitantes rurales de los alrededores. El nombre 9 de Abril se debe a que en esta fecha el sultán Mohammed Ben Yousef realizó un gran discurso en el que se reivindicaba por primera vez la independencia de Tánger y el fin del dominio francés. 

Los edificios más destacados de esta plaza son: El palacio del Menbud, la mezquita de sidi Bou Abib y el cine Rif. 

Desde esta plaza hay un acceso al mercado, pero por la hora casi todos los puestos estaban cerrados. Nosotros tomamos una de las entradas de la medina que salen de la calle Italia para tomar otra vez dirección al puerto. Y así, paseando paseando, nos topamos en la medina con uno de los restaurantes que teníamos apuntados en las recomendaciones, es el Rif Kebdani. Decidimos entrar a cenar y fue todo un acierto. En nuestra primera aproximación a la gastronomía marroquí tomamos cuscus de pollo y una parrillada de carne, ambos platos muy sabrosos.



Pasamos en Tánger tres noches, y aprovechamos para visitar localidades cercanas como Asilah, y otras algo más alejadas como Tetuán y Chefchauen. Para estos desplazamientos contratamos un grantaxi a través de nuestro hotel y he de decir que fue un acierto, ya que nuestro taxista Alí, era un hombre muy instruido en la cultura e historia marroquí y que nos dio muchas recomendaciones para disfrutar nuestras visitas. Pero esto es otra historia que os contaré más adelante. 

Otra zona que merece la pena visitar en Tánger es la zona de la playa, con el bonito paseo marítimo que han construido, un contraste total con el Tánger caótico y desordenado de la medina. 





No hay comentarios:

Publicar un comentario